Formas

Suele suponerse que un apunte es solo eso: un apunte. Algo que sirve para dejar registrada cualquier cosa por escrito. Ya sea simplemente para recordarla más tarde o para elaborar textos más complejos con ella.

Muchas de las personas que escriben acostumbran llevar consigo una libreta de apuntes o algo por el estilo, como si anduvieran obsesionadas con registrar sus propias impresiones, envueltos en una especie de investigación sin objeto ni fin y que para colmo termina convertida en una especie de manía acumuladora. Así como la gente que acumula un montón de cosas inútiles, solo por si acaso.

Obviamente cada loco con su tema. Pero a mí, por lo menos, nunca se me ha ocurrido ir apuntando nada por ahí. Y no solo eso. La idea de andar pensando todo el tiempo en escribir me parece en extremo aburrida y además ridícula. Y eso por no decir mezquina, infeliz. Como que al hacerlo solo se vive el presente en función de lo que pueda escribirse más adelante.  

Y claro, de manera paradójica, al andar tan pendientes de lo que sucede, en realidad nos lo estaríamos perdiendo. Y para completar, nos estaríamos relacionando de una manera falsa con el mundo. Algo así como un espía que siempre alberga segundas intenciones.

De un tiempo para acá, el apunte ha tomado, afortunadamente, vuelos más interesantes, en compañía de todas las demás formas fragmentarias e inconclusas. Ha sabido adquirir vida propia, alejado, como ha sido su costumbre, de todo lo que huela a definitivo, pero, además, sin tener que existir en función de lo que, en un futuro, él mismo podría llegar a transformarse.

Y eso es lo interesante. Poder quitarse el peso de lo definitivo, sin quedar suspendido en el limbo de lo que todavía no es. Gracias a eso, se logra escribir con mayor liviandad, como si solo se tratara de palabras al azar de las que uno no es responsable. Apuntar solo porque sí. Porque le nace hacerlo, en medio del alivio que es escribir sin rumbo, dejándose llevar, sin tener que andar empeñado en otras formas futuras que solo existen en un de pronto, en un tal vez, en un imaginario que, sea como sea, nunca llega a concretarse en la forma que uno intuye. También es un alivio poder desprenderse pronto de lo escrito. Así salió, así queda. Como una misteriosa aleación que acaba de plasmarse.

Y quién sabe. A lo mejor estos apuntes que no parecen conducir a ninguna parte vayan tomando formas secretas que no me atañen, contando historias que todavía no entiendo.

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