Tour de Francia

Me vi feliz el Giro de Italia en la pantalla del teléfono. Me mantenía atento a las pendientes decisivas y disfruté los pocos sprints que hubo en las etapas llanas, debido a la gran cantidad de fugas que pelecharon. Sobra decir, además, que todo se dio muy bien para Colombia. Egan ganó dos etapas y la clasificación general, mientras que Dani Martínez, aparte de ayudarle a Egan en los momentos más duros, terminó quinto.

Unos días después de finalizado el Giro, en vísperas del partido de eliminatorias mundialistas contra Perú, fui al pueblo a conseguir la antena TDT y me felicité, además, porque podría ver el Tour y los Juegos Olímpicos de Tokyo.

El Tour, desafortunadamente, empezó con todo tipo de caídas y con el retiro de varios favoritos. Pogacar, encima, a la primera de cambio, borró a todo el mundo en la contrarreloj y luego hizo lo propio cuando apareció la montaña. De los colombianos solo Rigoberto y Chaves se mantuvieron entre los quince primeros lugares de la clasificación. Los demás, aunque hicieron lo posible por animar la carrera, no tuvieron el desempeño esperado.

A medida que el Tour avanzó, estuve cada vez menos pendiente de la carrera. Tanto así que en la tercera semana solo revisaba los resultados en el periódico. Y es que así no sea tan insensato como para criticar a los ciclistas sentado frente a un televisor ni tampoco para celebrar sus triunfos como si fueran míos, sí cabe preguntarse qué es lo que a uno le gusta ver realmente cuando se sienta a ver este tipo de eventos deportivos.

Hay que aceptar, por ejemplo, que tenía ciertas expectativas y que resulta decepcionante ver a ídolos como Nairo y Superman a más de una hora del líder desde la segunda semana de carrera. Pero no es solo eso. Sino que, además, la competencia pierde demasiado interés cuando un rival se muestra tan pero tan superior al resto y la carrera queda prácticamente sentenciada desde antes de llegar a la mitad de su recorrido.

Algo así sucedía con Schumacher cuando ganaba los campeonatos de Fórmula 1 casi sin despeinarse y los demás debían contentarse con pelear del segundo puesto para abajo. O como ver la liga española, que más bien parece una pelea de tigre con burro amarrado, donde unos equipos mucho más ricos que los otros se ufanan de unas goleadas sin ninguna gracia.

Pogacar, en cambio, no tiene ni más plata ni mejor equipo que los demás. Son más que todo sus características individuales las que pesan y es bastante posible que siga ganando durante años. Por eso vuelvo y me pregunto. ¿Qué es lo que uno quiere ver cuando mira ciclismo? Cada quien ve cosas distintas. Eso seguro. Yo, por lo menos, solo espero que, en los próximos años, Egan y Remco puedan darle la pelea a semejante monstruo. De lo contrario, se va a volver muy aburridor.

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