{"id":3971,"date":"2025-06-25T18:21:05","date_gmt":"2025-06-25T23:21:05","guid":{"rendered":"https:\/\/viboralblog.com\/?p=3971"},"modified":"2026-05-21T13:04:14","modified_gmt":"2026-05-21T18:04:14","slug":"perrito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/2025\/06\/25\/perrito\/","title":{"rendered":"Perrito"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno se despierta todav\u00eda de noche, sin haber dormido casi nada, y siente de golpe que el mundo se presenta excesivamente denso, casi imposible de experimentar. Es m\u00e1s, por un instante, el mundo y uno mismo alcanzan a fundirse en una sola atm\u00f3sfera, en la que flota una consciencia laga\u00f1osa y difusa. Un sentir que roza la disoluci\u00f3n, a la orilla de una franja incierta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A partir de ah\u00ed, el curso del tiempo se enciende y los acontecimientos empiezan a repetirse de la misma forma que los d\u00edas anteriores. El ruido horrible del reloj-despertador. Remanentes de algunos sue\u00f1os. Pensamientos desdibujados. Rezagos de uno mismo. M\u00e1s que todo, esa extra\u00f1a costumbre de lo ineludible. De constatar, una y otra vez, que el \u00faltimo instante de la noche anterior apenas difiere del actual, como si dos segundos estirados fueran indespegables en medio de una extra\u00f1a baba pastosa. Los p\u00e1rpados, entretanto, contin\u00faan enredados en la oscuridad. El cansancio sigue igual. Tambi\u00e9n el fr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como si otro tipo de realidad no fuera posible, los n\u00fameros azules del reloj-despertador desgarran un rinc\u00f3n de la penumbra. 3:02 de la ma\u00f1ana. La prueba irrefutable de esta nueva vida, cuyo ciclo vuelve a empezar una vez m\u00e1s, sin que yo mismo logre explic\u00e1rmelo. Toca levantarse, entonces, y atravesar el corredor entre la masa informe que cubre los sentidos y sus molestos alrededores. Finalmente, como por arte de magia, emerge una oscuridad algo deste\u00f1ida, esbozando el camino que lleva a la cocina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A continuaci\u00f3n, mis pasos helados se revelan como si fueran exactamente los mismos de otro d\u00eda. Unos pasos ya dados con anterioridad, que no aportan ninguna variaci\u00f3n al desplazamiento zombificado de mi cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Consigo encender la luz de la cocina y pongo en marcha la cafetera el\u00e9ctrica. Luego, como si saltara entre locos parpadeos de la materia, aparezco de repente en el ba\u00f1o y me zambullo en un chorro de agua hirviendo, que se encarga de limpiar las capas m\u00e1s inh\u00f3spitas de la consciencia. Voy al cuarto a vestirme y, de un momento a otro, estoy sentado en la mesita del corredor de afuera, junto a una jarra de caf\u00e9, contemplando la oscuridad nebulosa del bosque.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por un segundo, alcanzo a lamentarme. Como si el mismo pensamiento quejumbroso fuera capaz de presentarse cada ma\u00f1ana a una hora exacta, solo para recordarme que no hago mucho por remediar la situaci\u00f3n. Lo m\u00e1s seguro, en realidad (o en irrealidad), es que todo se deba a la jugada de un infame yo del pasado que ahora me lleva a recorrer, a diario, semejante cantidad de kil\u00f3metros en direcci\u00f3n al trabajo. Por eso estoy siempre cansado. Y con sue\u00f1o. Como si titilara en una vetusta variante del tiempo, donde una gran cantidad de vivencias se compactan en unos cuantos hechos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alguna gente lo llama rutina. Pero esto es diferente. Va mucho m\u00e1s all\u00e1. Haga lo que haga, no parecen surgir nuevos acontecimientos y cada pixel de los sentidos no es otra cosa que un calco sin gracia de alguna experiencia anterior. Todo se repite. Incluso estos pensamientos mortificantes. Lo absurdo. La cr\u00edtica del absurdo. En fin. La repetici\u00f3n de la repetici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De lunes a domingo no debo hacer otra cosa que salir todav\u00eda de noche y caminar por un atajo que atraviesa el bosque y luego seguir por un estrecho sendero que avanza entre dos potreros electrificados que desembocan en un amplio cultivo de fr\u00edjol. Finalmente llego a la carretera principal y me dedico a esperar el bus que viene de Argelia. Unas horas despu\u00e9s llego a Medell\u00edn y me monto al metro en la estaci\u00f3n Exposiciones. De ah\u00ed voy hasta Niqu\u00eda y bajo como un son\u00e1mbulo por las escalas de la estaci\u00f3n. Luego cojo el bus que me lleva directo a la empresa y pienso sin falta en el traslado que me prometieron hace meses. Es m\u00e1s, de tanto repetirse, la palabra&nbsp;traslado&nbsp;parece abarcar mi vida entera. El futuro traslado. El traslado constante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de servirme otro pocillo de tinto, sigo d\u00e1ndole cuerda a esa trillada fase de rega\u00f1arme a m\u00ed mismo, sintiendo que las espirales de repetici\u00f3n me acorralan como a un boxeador a punto de ser noqueado. Infortunadamente, ese tipo de sentimientos y de comparaciones no son otra cosa que el torpe cascar\u00f3n de un ciclo sin fin. Algo as\u00ed como la vida de un h\u00e1mster que corre sobre una rueda con la mirada perdida, entre una jaula de apariencia infinita.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y qui\u00e9n sabe. A lo mejor este infortunado orden de las cosas no es m\u00e1s que una anomal\u00eda c\u00f3smica. Como si de pronto, por alg\u00fan azar que rige las fuerzas del universo, las infinitas posibilidades del cosmos estuvieran a punto de agotarse y, obviamente, yo no tuviera la m\u00e1s m\u00ednima responsabilidad en el asunto. Esa idea, de hecho, no se me hab\u00eda ocurrido jam\u00e1s, y alcanzo a detallarla con sorpresa, sin importar que mi ocurrencia me parezca absurda desde el primer instante. De todas formas, tambi\u00e9n es algo normal y, en definitiva, no deja de ser divertido pensar algo por primera vez. En especial, cuando se lleva demasiado tiempo pensando exactamente lo mismo. De modo que, por un instante, tengo la linda sensaci\u00f3n de haber ampliado las reglas de un juego que ni siquiera entiendo. Aun as\u00ed, esa misma novedad no tarda en agotarse en su propia insignificancia y prefiero acabarme de un sorbo el pocillo de tinto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En esas estoy, cuando un perrito de color caf\u00e9, medio anaranjado, emerge entre las sombras del guadual. Aunque es la primera vez que lo veo por estos lares, me parece reconocer a uno de los cachorros de la camada de \u00d1apa, la perra de la tienda que pari\u00f3 un mont\u00f3n de perritos id\u00e9nticos hace ya varios meses y que, en cuesti\u00f3n de d\u00edas, los vecinos de la vereda se encargaron de adoptar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El perrito se acerca moviendo la cola. Tiene los ojos brillantes y profundos, como galaxias enteras. Tambi\u00e9n las patas embarradas y la clara intenci\u00f3n de saltarme encima a saludar. Afortunadamente, alcanzo a espantarlo con un contundente \u00ab\u00a1Fuuui!\u00bb, y el perrito se queda mir\u00e1ndome como a un animal sumamente extra\u00f1o. Por lo visto, la madrugada para \u00e9l no es m\u00e1s que un juego, en el que busca abalanzarse sobre mi ropa limpia. De hecho, cada vez que vuelve a intentarlo, no tengo m\u00e1s remedio que seguir gritando como un loco en el interior de un sue\u00f1o. \u00ab\u00a1Fuuui! \u00a1Ucha! \u00a1Fuuui! \u00a1Fuuui! \u00a1Ucha! \u00a1Fuuui! \u00a1Fuuui! \u00a1Ucha! \u00a1Fuuui!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como si el perrito anduviera atrapado en el mismo abanico de repetici\u00f3n, su entendimiento vuelve a durar apenas segundos. Alcanza a quedarse quieto, me mira algo extra\u00f1ado y pretende volver a la carga con sus patas embarradas, como si nada m\u00e1s importara en este mundo. Como es obvio, me lleno otra vez de gritos, hasta que de pronto, en medio de dos s\u00edlabas desbocadas, descubro un palo en el suelo y se me ocurre agitarlo en cualquier direcci\u00f3n. Luego lo arrojo hacia la quebrada y veo al perrito salir disparado y perderse en la oscuridad del maizal. Unos segundos m\u00e1s tarde, el perrito est\u00e1 de regreso con las patas a\u00fan m\u00e1s embarradas. Lleva el palo en la boca y, mediante bruscos movimientos de cabeza, juega a no quer\u00e9rmelo entregar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras varios intentos, logro quitarle el palo. El perro se queda observ\u00e1ndome y mueve la cola, y aprovecho para tomarme el \u00faltimo sorbo de tinto. Mientras tanto, con el otro brazo, amago en varias direcciones, hasta que vuelvo a arrojar el palo con m\u00e1s fuerza que antes y el perrito desaparece en la oscuridad que conduce al puente de tablas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como era de esperarse, el perrito no tarda en volver y juega de nuevo a mover la cabeza y a no querer entregarme el palo. Me dedico entonces a forcejear con \u00e9l, hasta que la madera se quiebra y el perrito hace todo lo posible por tir\u00e1rseme encima.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sobra decir que esa misma operaci\u00f3n sucede muchas veces. El presente suele resultar agobiante, y ser\u00eda aburrido zambullirse en la minucia de sus detalles. Al final de cuentas, cualquiera puede adivinar que, en lugar de irme para el trabajo, me dedico a conseguir palos cada vez m\u00e1s gruesos y resistentes que, por alg\u00fan motivo conjetural, el perrito siempre se encarga de romper.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En alg\u00fan instante, observo la primera claridad en el cielo, como si el nuevo d\u00eda acabara de desprenderse de la noche de una manera s\u00fabita. Las im\u00e1genes del bus que supuestamente me llevar\u00eda al trabajo alcanzan a surcar mi mente. Solo que, al mismo tiempo, por alg\u00fan motivo discontinuo y enredado, me cuesta seguir el hilo de mis propios pensamientos, que se alejan o se disuelven a gran velocidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante un segundo inalcanzable, tengo la loca sensaci\u00f3n de que todo este asunto del perrito tambi\u00e9n ha sucedido con anterioridad. Y aunque no logro precisarlo muy bien, termino absorbido por las lagunas de la memoria. Confundido hasta el tu\u00e9tano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para remediarlo, trato de enfocarme en los tiempos del cielo. Sin embargo, no demoro en notar que la tintura de ese mismo cielo permanece suspendida en un instante gris\u00e1ceo, te\u00f1ido apenas por media gota de azul. No llegan tampoco los p\u00e1jaros ni el canto de los p\u00e1jaros. La ma\u00f1ana, sin saber por qu\u00e9, no muestra el menor af\u00e1n de concretarse y, por el contrario, parece funcionar bajo el aspecto inexpresable de un embrujo. Ni siquiera hay viento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En medio de esa geometr\u00eda est\u00e1tica, el palo, el perrito y yo somos lo \u00fanico que se mueve. El perrito sigue insistiendo con el juego de lanzar y correr. Y yo tambi\u00e9n, como si no tuviera m\u00e1s opci\u00f3n que ir consiguiendo palos cada vez m\u00e1s gruesos, que no dejo de arrojar hacia zanjas y barrancos imposibles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El perrito, entretanto, no deja de volver para seguir con el juego. Solo que, de pronto, en uno de sus \u00e1giles movimientos, creo notar que algo muy raro est\u00e1 sucediendo. No sabr\u00eda explicarlo bien. Podr\u00eda decir, tal vez, que el perrito y yo y todo nuestro juego no somos otra cosa que la \u00faltima posibilidad que le resta por agotar al universo. Y aunque me burlo enseguida de semejante idea, sigo arrojando palos en direcciones cada vez m\u00e1s estramb\u00f3ticas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras muchos palos de aspecto gen\u00e9rico, encuentro uno de guayabo que ser\u00eda perfecto para hacer un bast\u00f3n, incluso un zurriago. Y no solo eso. Cuando estoy a punto de lanzarlo, descubro que el palo tiene mejor resoluci\u00f3n que los dem\u00e1s objetos del entorno. A su lado, el perrito y yo no somos m\u00e1s que formas difusas, de apariencia extenuada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre lanzamiento y lanzamiento, se me ocurre pensar que este preciso instante no es otra cosa que la atadura de un bucle temporal. Un tremendo ciclo de olvidos, donde la realidad (o la ilusi\u00f3n), tras miles de millones de a\u00f1os concret\u00e1ndose con naturalidad, parece ahora atascada. Su engranaje, tan fluido y misterioso, ha comenzado a fallar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tratando de evadir tanta conclusi\u00f3n disparatada, arrojo el palo de guayabo con una par\u00e1bola m\u00e1s pronunciada de lo usual. Ni siquiera lo pienso. Solo sucede y el palo no tiene m\u00e1s remedio que elevarse contra un cielo sin luces ni estrellas que, de manera terca, sigue suspendido entre el d\u00eda y la noche. Al mirar el palo con cierto detenimiento, resulta evidente que se desplaza por el aire en una especie de c\u00e1mara lenta, que no deja de ense\u00f1ar sus distintos \u00e1ngulos con una precisi\u00f3n inaudita.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En medio de tanta anomal\u00eda simult\u00e1nea, el palo contin\u00faa su par\u00e1bola, volvi\u00e9ndola tan lenta y predecible que el perro consigue llegar con antelaci\u00f3n al punto de destino. Del cielo, mientras tanto, han comenzado a desprenderse todo tipo de part\u00edculas pl\u00fambeas, que flotan a nuestro alrededor. Para completar, algo en el firmamento lejano parece desmoronarse y las distintas turbulencias terminan por jugarle una mala pasada al perrito. Porque, claro, gracias a la lentitud generalizada, s\u00e9 con toda certeza que el perrito tiene la visi\u00f3n confusa y que el palo de guayabo impactar\u00e1 de lleno contra su cabeza. La realidad no se equivoca. Es lo \u00fanico que se me ocurre pensar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin caer en pesados an\u00e1lisis acerca de mis propios pensamientos, me limito a contemplar el instante del impacto, como si estuviera frente a un evento catacl\u00edsmico que no se repetir\u00e1 jam\u00e1s. Una colisi\u00f3n inevitable que, por motivos que no vienen al caso, sucede de un instante a otro, cuando el cr\u00e1neo del perrito se quiebra, en medio de un sonido seco e indolente. Un sonido que, a pesar de todo, resuena por la inmensidad, como la novedosa grieta de un universo entero. Entre un parpadeo y el siguiente, el perro yace en la manga, sin reacci\u00f3n alguna.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En medio de tanta sensaci\u00f3n ralentizada, lo que m\u00e1s me sorprende es el ruido de fondo que sigue reverberando en el paisaje, como el aullido definitivo de un mundo extinto. O tambi\u00e9n: como si una dimensi\u00f3n oscura acabara de asomarse tras el tel\u00f3n aparente del cielo y un mecanismo secreto comenzara a resquebrajarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A pesar de que nada parece moverse, ni la quebrada, ni las hojas, ni las nubes, ni las estrellas, mi cuerpo consigue responder sin mayor dificultad a las \u00f3rdenes habituales de desplazamiento. Logro acercarme entonces al perrito y, tras comprobar que est\u00e1 muerto, tomo una pala que hay recostada contra un n\u00edspero y empiezo a cavar un hoyo con intenci\u00f3n de enterrar al animal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras cavo, las part\u00edculas pl\u00fambeas ti\u00f1en por completo el paisaje y, por m\u00e1s que alcanzo a sentirme en un planeta lejano, procuro no darle mayor relevancia al aspecto de las cosas y me concentro en ir sacando paladas de tierra, sorprendido por lo poco que me rinde el trabajo. La profundidad del hueco no ha variado mucho que digamos y, para completar, me siento tan cansado como si hubiera cavado tumbas a lo largo de varias generaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Finalmente, clavo la pala en el suelo y me siento a descansar. A lo lejos, las monta\u00f1as permanecen oscuras como sombras imposibles de un planeta sin sol. Mis sensaciones parecen tambi\u00e9n algo apagadas, aunque es dif\u00edcil asegurarlo. Despu\u00e9s de todo, son ellas mismas las encargadas de notar el asunto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin mucho m\u00e1s por hacer, me decido a contemplar el modo en que mi propia contemplaci\u00f3n se va diluyendo, mientras el universo parece adormecerse al un\u00edsono conmigo, en el agotamiento definitivo de los llamados instantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Poco despu\u00e9s, ya ni siquiera estoy yo. O eso que, de manera obtusa y facilista, sol\u00eda llamar yo, y que en realidad (o en vaciedad) no era otra cosa que una micron\u00e9sima fracci\u00f3n del mundo. Un amago temporal, con \u00ednfulas permanentes de independencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora, por el contrario, y as\u00ed no quede nadie para contarlo, van desapareciendo los trazos habituales del paisaje y emergen muy lentamente las filigranas invisibles que un\u00edan las cortinas de aire y vac\u00edo. Como si al fin, tras una \u00faltima funci\u00f3n, la arquitectura secreta de la realidad se manifestara sin temor a romper el fr\u00e1gil encanto de los seres y las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Incontables hilos infinitesimales brotan de un largo sue\u00f1o de hibernaci\u00f3n. Alcanzan a titilar m\u00ednimamente definidos y luego comienzan a destemplarse, como amarras cansadas de sujetar las antiguas estructuras del mundo. Ya no hay necesidad de apariencias, ni de campos, ni de fen\u00f3menos, ni de fuerzas. Mucho menos de parpadeos insignificantes. A partir de ah\u00ed, las amarras simplemente se destemplan y se volatilizan en magn\u00edficos aserrines de la nada que, a su vez, se volatilizan en polvos a\u00fan m\u00e1s imperceptibles, que terminan absorbidos en su propia disoluci\u00f3n. Despu\u00e9s de eso, el paisaje final se termina desperezando en la homogeneidad m\u00e1s absoluta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En realidad (o en ausencia), nadie sabe qu\u00e9 sucede despu\u00e9s. Solo s\u00e9 que, en un momento cualquiera, un rayo de sol evanescente me trae de regreso y me acuerdo enseguida de la vida y de m\u00ed mismo y del mundo y de c\u00f3mo los instantes suced\u00edan con suma precisi\u00f3n, acogi\u00e9ndome sin falta en su c\u00e1lido ensue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras el rayo termina de esfumarse para darle paso al siguiente, alcanzo a moverme y a jugar de nuevo con el perrito, sin extra\u00f1arme demasiado ante la inusual posibilidad de volver a disfrutar de ese instante. Simplemente me parece espl\u00e9ndido. Y fant\u00e1stico. Y me dedico a exprimirlo feliz, arrojando palos ante la mirada extasiada del perrito. Tambi\u00e9n me deslumbro con el cielo gris y no dejo de celebrar esa media gota de azul que permanece suspendida en el improbable l\u00edmite de los instantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al escuchar el crujir del palo bajo la mordida del perro, mis recuerdos viajan un poco m\u00e1s all\u00e1, al momento en que el mismo perrito apareci\u00f3 con las patas embarradas y yo andaba sirvi\u00e9ndome un pocillo de tinto, entre un lamento impreciso que ya no logro concebir. Lo dem\u00e1s es misterio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como era de esperarse, esa intuici\u00f3n no dura m\u00e1s all\u00e1 de un pesta\u00f1eo. Mientras tanto, el perrito y yo seguimos jugando, y los distintos palos no tienen m\u00e1s opci\u00f3n que elevarse y garabatear el cielo en ondulaciones cada vez m\u00e1s lentas. Solo que, ay, luego aparece esa premonici\u00f3n infalible y ese aullido de fondo y el perrito se desvanece en el suelo y yo alcanzo a recordar ese preciso instante con suma claridad, como si acabara de suceder dos veces seguidas, sin ning\u00fan tipo de interferencia. Luego me veo a m\u00ed mismo cavando la tierra con una pala que hay recostada en un n\u00edspero, hasta que me siento a descansar sin que el trabajo me haya rendido. A continuaci\u00f3n, mis sentidos dan la impresi\u00f3n de apagarse con el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando ya no estoy, sin embargo, el universo se desenhebra como un collar sin hilo y sus gemas diminutas se convierten en fracciones indisolubles que, aun as\u00ed, consiguen desintegrarse en improbables semi-nadas todav\u00eda m\u00e1s peque\u00f1as, que al final terminan consumidas en s\u00ed mismas, como serpientes capaces de engullir su propio cuerpo hasta las \u00faltimas consecuencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras el vac\u00edo indescriptible de un mundo sin mundo, las \u00ednfimas semi-nadas que se engulleron a s\u00ed mismas terminan por indigestarse y vomitan de un solo tajo un \u00faltimo espasmo de universo. De pronto, bajo un viejo rayo de sol, alcanzo de nuevo a recordar la vida y ese lindo mundo que tantas veces me arrop\u00f3 en el m\u00e1s lindo de los deseos concedidos. Ahora, por lo visto, no quedan m\u00e1s que remanentes. Los \u00faltimos reflejos poderos\u00edsimos de un impulso vital. De una corriente fant\u00e1stica que seguir\u00e1 su curso de mil maneras imposibles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras amago con tirar el palo, el perrito anda moviendo la cola bajo un urap\u00e1n inmenso. Despu\u00e9s me acerco a \u00e9l y lo animo a que me salte encima. Tambi\u00e9n consigo abrazarlo y aunque trato de revolcarme con \u00e9l por el suelo, \u00e9l se las arregla para soltarse enseguida y, con expresi\u00f3n optimista, busca que le arroje el palo de vuelta. Alcanzo a observar un hilo de baba que le cuelga del hocico y arrojo el palo con todas mis fuerzas, en direcci\u00f3n a la cascada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El perrito no tarda en salir disparado hacia la oscuridad. Yo simplemente me quedo ah\u00ed y siento de golpe caer unas gotas de lluvia. Escucho tambi\u00e9n el estridente canto de una guacharaca y hago una fuerza inconcebible por dentro para quedarme adherido a ese instante. Luego pasa volando un carpintero y el perrito no tarda en venir, todo emparamado. Coloca el palo en el suelo y, mir\u00e1ndome, se dedica a ladrar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno se despierta todav\u00eda de noche, sin haber dormido casi nada, y siente de golpe que el mundo se presenta excesivamente&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":3970,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[176],"tags":[160,154,165,162,161],"class_list":["post-3971","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cuento","tag-animales","tag-casa","tag-insomnio","tag-paisaje","tag-trabajo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3971","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3971"}],"version-history":[{"count":20,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3971\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4217,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3971\/revisions\/4217"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3970"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3971"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3971"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3971"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}