{"id":3879,"date":"2025-02-27T13:35:27","date_gmt":"2025-02-27T18:35:27","guid":{"rendered":"https:\/\/viboralblog.com\/?p=3879"},"modified":"2025-02-28T22:53:57","modified_gmt":"2025-03-01T03:53:57","slug":"versiones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/2025\/02\/27\/versiones\/","title":{"rendered":"Versiones"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La verdad, yo mismo tengo varias versiones. En la primera, estoy con Catalina en M\u00e9xico y empieza la famosa pandemia. Y eso, de hecho, es lo que menos me gusta de esa versi\u00f3n. Porque uno tiene sus ma\u00f1as. Y casi que las ma\u00f1as lo ayudan a trazar una especie de camino paralelo. Y de un tiempo para ac\u00e1, en ese bello camino de las ma\u00f1as, desconf\u00edo de todas las personas que empiezan sus historias con la tal pandemia. No s\u00e9. Algo indefendible. Como toda ma\u00f1a. Pero esa forma de empezar me parece facilista. Sospechosa. A no ser que estemos hablando de una dolencia o de una enfermedad. O del principio de la muerte. Ah\u00ed s\u00ed cambia la cosa.<br><br>En este caso, desafortunadamente, es cierto. Una de las versiones dice que a Catalina y a m\u00ed nos cogi\u00f3 la pandemia en M\u00e9xico y que estuvimos diez meses all\u00e1 hasta que volvieron a abrir los aeropuertos. Lo cierto es que al momento de aterrizar en Ciudad de M\u00e9xico yo hab\u00eda terminado <em>Piragua<\/em> dos meses antes y ven\u00eda con la rom\u00e1ntica idea de empezar un blog con relatos de viaje. Solo que, claro, 6 o 7 semanas m\u00e1s tarde, con apenas 6 o 7 entregas, el anhelado viaje se transform\u00f3 en una casa de campo a precio de ganga en un pueblo de Jalisco llamado G\u00f3mez Far\u00edas. Cuando menos pensamos, est\u00e1bamos all\u00e1 confinados y la locura m\u00e1s contradictoria se hab\u00eda apoderado del mundo.<br><br>Porque era as\u00ed. Si uno hablaba con alguien de Colombia, escuchaba que todas las personas andaban paniquiadas y que si, de pronto, alguien no lo estaba, igual ten\u00eda prohibido salir de la casa, al peor estilo de una regulaci\u00f3n dist\u00f3pica. En M\u00e9xico, en cambio, era justo al rev\u00e9s. Desde el presidente hasta nuestros vecinos m\u00e1s cercanos confiaban ciegamente en los designios de dios y la divina providencia. Todos siguieron con su vidas de manera normal y solo los bichos raros usaban tapabocas.<br><br>Hablando de bichos raros, esos \u00e9ramos nosotros. Justamente. Los reci\u00e9n llegados al pueblo. Los extranjeros. Y con otro color de piel, para colmo. Eso s\u00ed: por m\u00e1s que dios anduviera a cargo de todo, los pobladores nos pidieron que guard\u00e1ramos distancia por un tiempo, mientras se comprobaba que no tra\u00edamos la infecci\u00f3n encima. Afortunadamente, nadie se enferm\u00f3 ni muri\u00f3 en el pueblo por esos d\u00edas. De lo contrario, creo que nos habr\u00edan linchado o incendiado la casa, como m\u00ednimo. As\u00ed suene algo charro (en el doble sentido de la palabra), lo digo en serio.<br><br>Dejando de lado los aspectos realmente tr\u00e1gicos, lo otro aburridor de ese tiempo era la monoman\u00eda. Los opinadores del mundo entero opinando sobre la pandemia, repitiendo las mismas informaciones a diestra y siniestra. Los fil\u00f3sofos medi\u00e1ticos vaticinando todo tipo de cat\u00e1strofes y nuevos \u00f3rdenes mundiales que solo ir\u00edan de mal en peor. Los escritores oportunistas dedicando sus horas a escribir en vivo y en directo sobre el encierro y la pandemia, esforz\u00e1ndose en demostrar, s\u00edlaba por s\u00edlaba, su preocupaci\u00f3n alharaquienta por la humanidad. En fin.<br><br>El caso es que el momento m\u00e1s \u00e1lgido del p\u00e1nico mundial fue pasando y, al cabo de unos meses, la gente que ven\u00eda de Estados Unidos a visitar a sus familias volvi\u00f3 a pagar la tarifas habituales. Eso signific\u00f3 que nos pidieran la casa de Jalisco, donde pasamos cinco meses en medio de unas colinas doradas que mutaron a verde con la temporada de lluvias, junto a un imponente color\u00edn florido y unos caballos que corr\u00edan y jugaban por los pastos. Un paisaje incre\u00edble que nos hizo sentir como si habit\u00e1ramos un cuento.<br><br>Entonces nos toc\u00f3 movernos y, tras un par de vueltas locas, terminamos en otra casa de campo a precio de ganga, en un lindo pueblo de Michoac\u00e1n, llamado Erongar\u00edcuaro. Una regi\u00f3n muy famosa por la antigua cultura pur\u00e9pecha que incluso resisti\u00f3 el asedio de los aztecas. Conocida tambi\u00e9n por los alebrijes y la fiesta de los muertos y el lago P\u00e1tzcuaro y la isla de Janitzio que, para chicaniar, ten\u00edamos justo al frente. Otra particularidad de la zona son los nombres enredados. No era solo Erongar\u00edcuaro. Estaban tambi\u00e9n Panind\u00edcuaro y Zinap\u00e9cuaro, Tzintzingareo, Tzintzuntzan y Ting\u00fcind\u00edn, entre otros. Y eso por no mencionar Parangaricutiro, un pueblo vecino que sirvi\u00f3 de inspiraci\u00f3n al famoso trabalenguas de Parangaricutirim\u00edcuaro.<br><br>\u00abEl volc\u00e1n de Parangaricutirim\u00edcuaro lo quieren desparangaricutimirizar. El que logre desparangaricutimirizarlo un gran desparangaricutirimizador ser\u00e1\u00bb.<br><br>Y bueno. En esa caba\u00f1a con vista al lago P\u00e1tzcuaro, donde dos cacomixtles nos visitaban cada noche, empec\u00e9 un escrito llamado Bals\u00e1micas que a lo mejor se me ocurra terminar en un futuro postapocal\u00edptico. Solo que de pronto, en uno de esos d\u00edas locos, me sali\u00f3 un cap\u00edtulo todo extra\u00f1o y en alg\u00fan momento pens\u00e9. \u00abQui\u00e9n sabe, deber\u00eda m\u00e1s bien empezar otra historia con este cap\u00edtulo\u00bb. Igual no s\u00e9. No recuerdo si a partir de esa revelaci\u00f3n segu\u00ed avanzando con Bals\u00e1micas. Lo importante, en todo caso, fue que ese tiempo se hundi\u00f3 muy pronto en el ritmo fren\u00e9tico del mundo y, en un abrir y cerrar de ojos, Catalina y yo est\u00e1bamos yendo a Morelia para hacernos pruebas de covid que nos permitieran volar a Colombia. Cuando fuimos a ver, casi sin enterarnos, ya est\u00e1bamos en el oriente antioque\u00f1o buscando casa para alquilar en el campo a precio de ganga, sin importar en qu\u00e9 pueblo cayera la ruleta. Un mes despu\u00e9s, afortunadamente, nos toc\u00f3 El Carmen de Viboral.<br><br>Sigue la historia. Nos instalamos. Hubo que conseguir nevera, estufa y casi todo lo dem\u00e1s y una ma\u00f1ana, despu\u00e9s de tantas y tantas vueltas, me sent\u00e9 de nuevo a escribir y decid\u00ed de una vez por todas que intentar\u00eda seguir el hilo de ese cap\u00edtulo extra\u00f1o que hab\u00eda escrito en Erongar\u00edcuaro. Y empec\u00e9. Dur\u00e9 por ah\u00ed un mes escribiendo. Hasta que me dio por organizar la primera fiesta de cumplea\u00f1os que organizo en la vida y, como era de esperar, se transform\u00f3 en una divertida covid-rumba.<br><br>Pocos d\u00edas despu\u00e9s, a Catalina se le hincharon los huesos de la cara y su aspecto devino algo extraterrestre durante varias semanas. Yo, por mi parte, dur\u00e9 tres meses con el aire mermado sintiendo, adem\u00e1s, que la acostumbrada unidad de mi querido ser se disolv\u00eda en la bruma de un presente repleto de olvidos. Y no solo eso. Tres meses m\u00e1s tarde, ya m\u00e1s recuperado, me costaba recordar todo tipo de datos. A Catalina tambi\u00e9n. En especial los nombres de las personas. Y no solo eso. Pod\u00eda salir muy decidido del cuarto con la intenci\u00f3n de hacer cualquier cosa y terminaba por ah\u00ed con cara de perdido, en alg\u00fan corredor, sintiendo que la intenci\u00f3n inicial se hab\u00eda esfumado. No serv\u00eda regresar al punto de partida. Ni pensar en el asunto. En cierta forma, era como si un cable se hubiera roto. Y claro. A lo largo de los d\u00edas era toda una sumatoria de cables que normalmente se dan por sentados y lo ayudan a uno a hilar las cosas sin tanto esfuerzo.<br><br>Ah, lo otro era un acelere horrible que, por un buen tiempo, me despert\u00f3 tipo cuatro de la ma\u00f1ana. No pod\u00eda volverme a dormir, sent\u00eda que me faltaba el aire y, en medio de ese presente absoluto con cierto sabor a muerte, no hab\u00eda mejor opci\u00f3n que salir al corredor de afuera o a una gran piedra monol\u00edtica detr\u00e1s de la casa a contemplar la llegada del d\u00eda como un mam\u00edfero cualquiera.<br><br>Y obvio. Tampoco era capaz de leer ni de ver pel\u00edculas. As\u00ed que los d\u00edas eran largos, relargos, y un buen d\u00eda, cuando la respiraci\u00f3n hab\u00eda regresado a la normalidad, se me ocurri\u00f3 que deb\u00eda poner de mi parte para reparar la cabeza. Un ejercicio o algo por el estilo. De lo contrario, me iba a quedar as\u00ed para siempre. De esa forma naci\u00f3 la idea de escribir una bobadita todos los d\u00edas a primera hora de la ma\u00f1ana. Algo as\u00ed como un lento reconocimiento del entorno que fue abarcando la casa, el sol, el viento, la niebla, los \u00e1rboles, las monta\u00f1as, las flores, los p\u00e1jaros, los insectos, los vecinos, la vereda, los perros. Elementos tan sencillos como los de un haiku, pero vistos como un ejercicio de kinder.<br><br>\u00bfY qu\u00e9 tiene que ver todo esto con las versiones de las que hablaba al principio? Y a prop\u00f3sito: \u00bfversiones de qu\u00e9? Todo esto y mucho m\u00e1s ser\u00e1 resuelto en la siguiente entrega. Hasta pronto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La verdad, yo mismo tengo varias versiones. En la primera, estoy con Catalina en M\u00e9xico y empieza la famosa pandemia. 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