{"id":3769,"date":"2024-08-13T11:17:06","date_gmt":"2024-08-13T16:17:06","guid":{"rendered":"https:\/\/viboralblog.com\/?p=3769"},"modified":"2024-08-13T12:30:47","modified_gmt":"2024-08-13T17:30:47","slug":"cuadros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/2024\/08\/13\/cuadros\/","title":{"rendered":"Cuadros"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de recorrer las salas y los pisos del museo de Antioquia, Cata y yo salimos de nuevo al mundo real. Aun as\u00ed, sigue habiendo esculturas. Casi todas clavadas a lo largo y ancho de la plaza, como si los cuadros de Botero acabaran de perder sus vivos colores para materializarse en 3D. Algunas figuras humanas nos aguardan en expresi\u00f3n inmutable. Hay un gato medio sonriente. Un caballo que nos mira con desprecio sutil.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los cuadros de Botero son un pretexto para plasmar color. Sus figuras voluminosas y redondas se alejan de la sombra, de la mancha, del ruido. Sus trazos perfeccionistas y cerrados jam\u00e1s se salen de control. En sus im\u00e1genes prima la calma. Un mundo de ensue\u00f1o. Mucho m\u00e1s pl\u00e1cido, menos complejo. Habitado por tiernos soldaditos de plomo que se exhiben, apacibles, en los recuerdos de un ni\u00f1o atemporal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bordeamos el antiguo Palacio de la Gobernaci\u00f3n y nos metemos debajo del viaducto. Pasamos junto a un hombre de aspecto campesino que vende todo tipo de sombreros. Sus trazos son bruscos, expresivos, llenos de movimiento. Detr\u00e1s de \u00e9l, unas mujeres embera tejen chaquiras, sentadas sobre un manto blanco. Varios hombres con el torso desnudo pasan cargando cajas de fruta. No tardamos en subir unas escalas y nos encontramos de frente con un mural de Pedro Nel que merodea la estaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los murales de Pedro Nel G\u00f3mez andan por toda la ciudad. En interiores, en exteriores. A veces solos, a veces en grupo, empe\u00f1ados en representar dramas humanos que, por momentos, parecen remontarse a los milenios b\u00edblicos. Personas aguerridas, fuertes. Cuerpos a la intemperie. Escenas entre r\u00edos y monta\u00f1as. Humanidad sufrida y valiente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras dudar unos instantes, decidimos bajar por Boyac\u00e1 hasta llegar a la Veracruz, donde varias mujeres, apoyadas contra un antiguo muro de piedra, esperan la llegada de clientes seducidos por toda clase de vestidos borrosos, nebulosos, transparentes. Incluso rotos. De golpe, como si un personaje de Mar\u00eda Villa se colara en una escena de D\u00e9bora Arango, una mujer con un chal negro envuelto sobre los hombros pasa sin ninguna prisa. Pelo negro, recogido. Rostro asim\u00e9trico. Belleza irregular. Primitiva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">D\u00e9bora Arango trabajaba con pinceladas sueltas, abiertas. Con im\u00e1genes impactantes y distorsionadas, que muchos en su tiempo se negaron a aceptar. Desnudos femeninos, corrupci\u00f3n pol\u00edtica, pobreza, injusticia social. Cuadros imbuidos en est\u00e9ticas viscerales, a veces grotescas. Figuras humanas que nos visitan de un mundo inquietante, muy similar al nuestro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mar\u00eda Villa, en cambio, es de esos casos lindos en los que pesa tanto la vida como la obra. Empez\u00f3 a pintar a los cincuenta a\u00f1os, sin que nadie le ense\u00f1ara nada y casi de casualidad. Sus obras tienen la libertad de quien descubre las posibilidades m\u00e1gicas de algo nuevo y, a partir de entonces, siente que puede hacer lo que le venga en gana. Im\u00e1genes religiosas. Firmas desbordadas. \u00abMamarrachos\u00bb. Gente que pasa por ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras bordeamos la vieja sede del museo de Antioquia, Cata me cuenta que su bisabuelo trabaj\u00f3 en el taller de Francisco Antonio Cano y que incluso lleg\u00f3 a pintar una r\u00e9plica de su obra m\u00e1s famosa: \u00abHorizontes\u00bb. Alguna vez, de hecho, la exhibieron en este mismo sitio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abHorizontes\u00bb muestra a una pareja campesina sentada sobre una piedra en el mirador de una monta\u00f1a. La mujer sostiene a un beb\u00e9 entre los brazos, mientras el hombre se\u00f1ala a lo lejos. Una escena bellamente iluminada, que se acerca a los frescos divinos. Representa, entre otras cosas, la esperanza de un nuevo porvenir, a base de esfuerzo y trabajo. No hay sonrisas f\u00e1ciles. Solo destellos de ilusi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por alg\u00fan motivo que no entendemos, volteamos hacia cualquier lado y terminamos subiendo por Bombon\u00e1. No sabemos muy bien ni lo que hacemos. Solo notamos que, de pronto, nuestros pasos avanzan lentamente por la estaci\u00f3n San Antonio, donde un mural elevado de Fredy Serna parece confundirse con los verdaderos barrios que cuelgan de las monta\u00f1as. Como si el mundo real acabara de salpicarse con una multitud de manchas, y los trazos definidos se hubieran convertido en un tibio espejismo. Fragmentos. Rayas. Humo. Partes de una misma figura, de una misma abstracci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando menos pensamos, acabamos de volver a Carabobo. Hay mucha gente por ah\u00ed y andamos revoloteando de nuevo por los alrededores del museo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No deja de ser extra\u00f1o. Ni siquiera sabemos c\u00f3mo llegamos a este lugar. Nuestro rumbo es incierto y damos vueltas sin motivo alguno. Como si un pintor indeciso y caprichoso jugara con nuestras formas y se esforzara en recrear una larga procesi\u00f3n de escenas. Trazos desma\u00f1ados. Fr\u00e1giles. A la espera de color.<br \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de recorrer las salas y los pisos del museo de Antioquia, Cata y yo salimos de nuevo al mundo real.&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":3768,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[40],"tags":[141,156],"class_list":["post-3769","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-relatos","tag-cata","tag-ciudad"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3769","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3769"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3769\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3770,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3769\/revisions\/3770"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3768"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3769"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3769"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3769"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}