{"id":3418,"date":"2023-01-12T20:46:49","date_gmt":"2023-01-13T01:46:49","guid":{"rendered":"https:\/\/viboralblog.com\/?p=3418"},"modified":"2025-03-02T20:03:28","modified_gmt":"2025-03-03T01:03:28","slug":"nubes-negras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/2023\/01\/12\/nubes-negras\/","title":{"rendered":"Nubes negras"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recib\u00ed un mensaje de Ang\u00e9lica lleno de peros y complicaciones y me imagin\u00e9 enseguida c\u00f3mo iba a ser el resto de la pel\u00edcula.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No importaba que yo no quisiera. O que no pareciera quererlo. O que no le viera ning\u00fan sentido. Fuera como fuera, \u00edbamos a terminar encontr\u00e1ndonos y, desde un principio, ella buscar\u00eda te\u00f1ir el ambiente con la infinita desproporci\u00f3n de sus problemas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella era rara. Hasta mis amigos lo dec\u00edan. Y eso que a ellos solo les tocaba verla en las contadas ocasiones en que acced\u00eda a salir y, en las que siempre, sin excepci\u00f3n, terminaba enferma, furiosa o aburrida y no tardaba en irse a guardar, como si sufriera alg\u00fan tipo de trastorno que no le permit\u00eda disfrutar de nada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con todo y eso, lo m\u00e1s preocupante no era ella, que al parecer simplemente era as\u00ed, sino yo mismo, por haberme dejado arrastrar a una situaci\u00f3n que se me antojaba del todo irreal y que, por momentos, llegaba a parecerse a una mala obra de teatro. De esas en las que uno siente pena ajena por los actores y termina haciendo fuerza para que la trama salga a flote o, incluso, para que se acabe de una buena vez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo aquel asunto, por lo dem\u00e1s, llevaba demasiado tiempo. Tanto que, en ocasiones, me preguntaba si yo mismo no padec\u00eda alg\u00fan tipo de conflicto: algo as\u00ed como un mecanismo demente que me llevaba a buscar formas cada vez m\u00e1s particulares de sufrimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Afortunadamente, mi cerebro no andaba tan fundido como cabr\u00eda esperarse y, en ausencia de Ang\u00e9lica, a\u00fan daba ciertas muestras de lucidez, siendo capaz incluso de detectar (y hasta de clasificar) ciertas anomal\u00edas de nuestra relaci\u00f3n. Un ejercicio de observaci\u00f3n en el que, por cierto, hab\u00eda ido evolucionando hasta lograr reducir toda una amalgama de constantes y variables a un postulado \u00fanico, a una ley de apariencia irrefutable, en la que Ang\u00e9lica era una especie de princesa imposible de complacer, y yo, un simple idiota que trataba de complacerla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo cierto (y tal vez lo m\u00e1s dif\u00edcil de aceptar) era que nadie me hab\u00eda obligado a nada, y que, si andaba metido en semejante embrollo, era por algo muy similar a lo que suele denominarse voluntad. Algo que, en mi caso, desafortunadamente, solo se manifestaba en proporciones m\u00ednimas e implicaba, sin lugar a dudas, que las cuentas pendientes m\u00e1s duras fueran conmigo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el transcurso de los a\u00f1os, obviamente me hab\u00eda preguntado en innumerables ocasiones por la singularidad que hab\u00eda dado inicio a un universo tan extra\u00f1o como ese. Cientos y cientos de veces hab\u00eda cavado en los albores de nuestra relaci\u00f3n en busca de respuestas. Hasta que un d\u00eda, de forma inesperada, me top\u00e9 con un par de indicios que abrieron una nueva hip\u00f3tesis hasta entonces desestimada: la posibilidad de que en un tiempo muy muy remoto las cosas entre Ang\u00e9lica y yo hubieran marchado m\u00e1s o menos bien.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y aunque tambi\u00e9n era cierto que no hab\u00eda suficientes datos para afirmarlo de manera categ\u00f3rica, la presencia de algunos elementos alcanzaba niveles muy cercanos a los m\u00ednimos requeridos para que una composici\u00f3n de caracter\u00edsticas similares pudiera surgir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cualquiera podr\u00eda pensar, sin embargo, que mis hallazgos no tienen nada de novedoso y que, por el contrario, se trata un tema tan manido y trillado como el de las parejas que en un principio se gustan y que luego, pasado cierto tiempo, no ven en el otro m\u00e1s que a un saco de huesos podridos. Y bueno, de ser as\u00ed, habr\u00eda que aceptar que las preguntas relativas a dicho campo han sido ya debidamente formuladas y no quedar\u00eda m\u00e1s remedio que entregarse a ellas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Debo aclarar, entonces, que este no es el caso. Aunque, lo cierto, de todas formas, es que alguna vez mis indagaciones s\u00ed navegaron por esas aguas. Porque claro: la idea de reducir nuestra relaci\u00f3n al viejo asunto de primero gustarse y luego dejarse de gustar resultaba sumamente atractiva, reconfortante y, m\u00e1s que nada, me permit\u00eda contemplar mis propios problemas como una simple fase inscrita dentro del gran ciclo natural de las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algo que, para mi alivio, no solo abarca a las personas y que, adem\u00e1s, seg\u00fan las leyes de la termodin\u00e1mica, se denomina entrop\u00eda. Implica, entre otras cosas, la p\u00e9rdida de calor e incluye cualquier sistema cerrado a lo largo del universo. As\u00ed que, en definitiva, no era solo yo, ya que todo, absolutamente todo, tiende de manera invariable al fr\u00edo, al olvido, al desorden creciente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero sucedi\u00f3 algo. Tras considerar durante un tiempo nuestra relaci\u00f3n a la luz de los principios entr\u00f3picos, surgi\u00f3 un hallazgo imprevisto que se encarg\u00f3 de sepultar cada una de las hip\u00f3tesis anteriores. No tardaron entonces en imponerse nuevos postulados, gracias a los cuales descubr\u00ed, at\u00f3nito, que durante a\u00f1os hab\u00eda estado observando mi propia vida desde perspectivas err\u00f3neas y que, despu\u00e9s de tantas y tantas vueltas, mis problemas no ten\u00edan nada que ver con el tiempo, ni con la p\u00e9rdida de calor, ni con la p\u00e9rdida de energ\u00eda, ni con la p\u00e9rdida de nada y que, muy por el contrario, la frialdad de Ang\u00e9lica hab\u00eda permanecido invariante desde el instante en que nos conocimos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El mensaje de Ang\u00e9lica, sin ir m\u00e1s lejos, no hac\u00eda m\u00e1s que demostrarlo y no se diferenciaba en nada del resto de mensajes que ella misma me hab\u00eda enviado a trav\u00e9s de los a\u00f1os. Era seco, \u00e1rido, displicente, perecoso\u2026 Y claro: yo me encargaba de complementarlo al otro lado de la ecuaci\u00f3n con una actitud ilusa, pat\u00e9tica, negacionista\u2026 Tanto as\u00ed que no tard\u00e9 m\u00e1s de un par de segundos en llamar a Ang\u00e9lica y, como era habitual, tuve que esperar una eternidad hasta o\u00edrla contestar con un cortante al\u00f3, como si mi n\u00famero de tel\u00e9fono no le dijera absolutamente nada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que sigui\u00f3 fue tambi\u00e9n bastante t\u00edpico. Silencios de diversos calibres, presiones y texturas, unas cuantas palabras sueltas, y, m\u00e1s que nada, el rugido del tr\u00e1fico como tel\u00f3n de fondo. Tambi\u00e9n estuve varias veces a punto de colgar\u2026 Hasta que, de repente, en un giro inexpresable y err\u00e1tico y confuso, quedamos de vernos junto al MAMM.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese momento yo andaba en Bel\u00e9n, por los lados de La Inmaculada, y unas nubes oscuras acababan de cubrir la parte oriental de la ciudad. Analic\u00e9 r\u00e1pidamente la situaci\u00f3n y alcanc\u00e9 a pensar en caminar hasta la 30 para coger el Metropl\u00fas. Pero las nubes siguieron avanzando cada vez m\u00e1s r\u00e1pido y pronto me alcanzaron unas gotas finas con olor a aguacero. De modo que m\u00e1s bien arranqu\u00e9 para la 80, con la idea de esperar el Circular Sur.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La lluvia no tard\u00f3 en cubrirme, y al llegar a la 80, me escamp\u00e9 bajo un techito de lata, sin llegar a cruzar la avenida. Afortunadamente, el Circular no demor\u00f3 en pasar y ah\u00ed s\u00ed cruc\u00e9 en medio de los carros. Me mont\u00e9 al bus y, al ver la cantidad de gente que hab\u00eda de pie, prefer\u00ed quedarme entre el parabrisas y la registradora. Me tom\u00e9 con fuerza de una varilla y, en cuesti\u00f3n de segundos, la lluvia se convirti\u00f3 en una cortina craquelada que se trag\u00f3 por completo los \u00faltimos rayos de sol que hab\u00eda en el horizonte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Unos minutos m\u00e1s tarde, el bus se detuvo junto a La Mota y un man aprovech\u00f3 para montarse por la de atr\u00e1s a improvisar hip hop sobre una pista a todo volumen. A escasos metros, una multitud escampaba de pie frente a una cafeter\u00eda, viendo un partido de la Champions. Alcanc\u00e9 a distinguir un uniforme rojo y otro amarillo en la pantalla y, mientras tanto, el bus se fue llenando de gente hasta que no cupo nadie m\u00e1s, y el \u00faltimo pasajero qued\u00f3 pr\u00e1cticamente colgado de la puerta, tanto as\u00ed que el chofer trat\u00f3 de cerrar y todos tuvimos que apretujarnos una y otra vez hasta que por fin arrancamos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s adelante, varias personas se bajaron junto a la pista del aeropuerto. Nadie se subi\u00f3 y una ventisca atac\u00f3 el bus desde todos los costados. Las \u00faltimas rendijas abiertas en las ventanas no tardaron en desaparecer y el sofoco se comenz\u00f3 a sentir en serio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pronto llegamos a Campos de Paz. Los puestos de flores andaban envueltos en grandes pl\u00e1sticos, mientras que los negocios del frente, todos esos de fruta y patacones y salpic\u00f3n, hab\u00edan bajado sus rejas para protegerse del temporal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El bus se detuvo frente a la entrada del cementerio y abri\u00f3 la puerta. Una se\u00f1ora subi\u00f3 sec\u00e1ndose las l\u00e1grimas, antes de pagar y pasar la registradora y avanzar hasta donde pudo y luego colgarse de la varilla central del pasillo. El bus volvi\u00f3 entonces a cerrar, avanz\u00f3 unos cuantos metros y se descolg\u00f3 en neutra hacia el rompoy de Guayabal, en tanto que el chofer limpiaba el vaho del parabrisas con una hoja de peri\u00f3dico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un poco m\u00e1s abajo, el tr\u00e1fico se convirti\u00f3 en una masa impenetrable y pastosa. El chofer, sin embargo, no pareci\u00f3 aceptar el nuevo orden de las cosas y empez\u00f3 a frenar y a arrancar a los trancazos, como si alguno de los dos (\u00e9l o el propio bus) sufriera un ataque de epilepsia. Y aunque algunos pasajeros protestaron al fondo, sus protestas fueron deso\u00eddas. El tambaleo simplemente continu\u00f3, y todos fuimos entrando en un estado alterado de la conciencia, que nos fue llevando por caminos desconocidos de nuestras propias mentes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando al fin paramos junto a la bomba de gasolina, un mont\u00f3n de gente se baj\u00f3 y otro mont\u00f3n de gente se subi\u00f3 y aprovech\u00e9 para moverme unos cuantos cent\u00edmetros hacia atr\u00e1s, con la idea de ganar algo de espacio entre el parabrisas y yo, y as\u00ed poder inclinarme hacia adelante cuando pasara demasiada gente. Luego el bus sigui\u00f3 avanzando y, unos segundos despu\u00e9s, casi en la mitad del rompoy, se mont\u00f3 una chica de jean y blusa naranja y pelo crespo y corto y rostro firme y suspicaz y ojos oscuros y tranquilos, dando un paso \u00e1gil sobre cada escala.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Solo que, en esas, el chofer volvi\u00f3 a arrancar de un brinco para volver a frenar enseguida. Y aunque ella logr\u00f3 agarrarse justo a tiempo de una varilla, dio tambi\u00e9n un giro sobre s\u00ed misma y cay\u00f3 de lleno contra mi hombro. No me mir\u00f3 ni dijo nada, pero busc\u00f3 abrirse un espacio a mi lado tratando de alejarse lo m\u00e1ximo posible de las escalas. Finalmente, consigui\u00f3 tomarse de una varilla distinta, junto al parabrisas, y qued\u00f3 con la vista clavada hacia el frente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El bus no tard\u00f3 en volver a arrancar y en volver a frenar con un \u00edmpetu que levant\u00f3 de nuevo las protestas del fondo. Con todo y eso, el chofer se mantuvo ajeno al destino de sus pasajeros y, unos segundos despu\u00e9s, andaba saltando de carril en carril, como si su recorrido hubiera pasado a formar parte de un parque de atracciones mec\u00e1nicas. Mi nueva vecina no tard\u00f3 en caer otro par de veces sobre m\u00ed, pero pronto pudo acomodar mejor los pies y resisti\u00f3 sin problema los siguientes embates.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Casi al salir de la glorieta, varias personas se subieron y otras tantas se bajaron y, mientras volv\u00edamos a acomodarnos, mi vecina descubri\u00f3 el estrecho espacio entre el parabrisas y yo y quiso deslizar un pie hacia adentro para evitar, en parte, la corriente ininterrumpida de personas. Yo trat\u00e9, entonces, de correrme un poco m\u00e1s hacia atr\u00e1s para facilitarle la vida y, mientras tanto, ella prob\u00f3 distintas maneras de alargar su pierna y tambi\u00e9n su brazo, hasta que decidi\u00f3 girarse en direcci\u00f3n a m\u00ed y consigui\u00f3 tomarse de otra varilla. Yo, por mi parte, logr\u00e9 ganar unos cuantos cent\u00edmetros a mi espalda y conserv\u00e9 cierto espacio de maniobra. Por \u00faltimo, ella recost\u00f3 su cadera contra el parabrisas y se mantuvo lo m\u00e1s distante posible de mi persona.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Unos instantes despu\u00e9s, hubo un frenazo que super\u00f3 en intensidad a todos los anteriores y en el que, de manera incre\u00edble, ambos salimos bien librados. Simplemente nos dejamos ir un poco hacia adelante y luego ese mismo poco hacia atr\u00e1s, para volver a la posici\u00f3n inicial como dos cuerpos de hule, sin llegar siquiera a rozarnos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al momentico, unos pasajeros se bajaron y otros se subieron y todo pareci\u00f3 seguir m\u00e1s o menos igual. Hasta que, en un \u00faltimo instante, cuando el bus acababa de arrancar, un man apareci\u00f3 corriendo con un talego y alcanz\u00f3 a colgarse de la puerta, que apenas estaba por cerrarse, y entr\u00f3 empujando a diestra y siniestra como si su vida dependiera de ello. No tuvimos m\u00e1s remedio que volver a apretujarnos una y otra vez, hasta que el chofer consigui\u00f3 cerrar la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A ra\u00edz de ese peque\u00f1o incidente, ella se vio obligada a juntar un poco los pies y, como era de esperarse, perdi\u00f3 estabilidad en ciertos \u00e1ngulos y, por momentos, termin\u00e9 convertido en una especie de columna sobre la que ella apoyaba su hombro por completo. Un cambio en apariencia m\u00ednimo, pero que fue desgastando mi posici\u00f3n y termin\u00f3 por inclinarme cada vez m\u00e1s hacia la palanca de cambios, lo que me oblig\u00f3 a moverme varias veces, hasta quedar mirando en diagonal hacia el espejo retrovisor de la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo parad\u00f3jico fue que qued\u00e9 aun m\u00e1s estable que antes. As\u00ed que aprovech\u00e9 para tomarme con el brazo derecho de otra varilla y apoyar mi palma izquierda contra el parabrisas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El bus volvi\u00f3 a arrancar como si llevara bultos en vez de gente y todo el mundo se zarande\u00f3 de un lado para otro y se oyeron gritos desesperados al fondo. Para entonces, el parabrisas andaba tan empa\u00f1ado que resultaba imposible distinguir el camino. Tal vez por eso, el bus no tard\u00f3 en treparse a un and\u00e9n con una fuerza inusitada para volver a caer enseguida al pavimento. En ambas ocasiones, la gente grit\u00f3 como si viaj\u00e1ramos en una monta\u00f1a rusa y, en uno de esos instantes, los dedos de mi mano alcanzaron a golpearse contra el vidrio, sin mayores consecuencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aun as\u00ed, prefer\u00ed cambiar mi brazo de posici\u00f3n y, despu\u00e9s de tantear varias alternativas, lo dej\u00e9 colgando a un costado, apretado contra mi propio muslo. Ella, entretanto, hab\u00eda ido reacomodando sus pies mediante sutiles y repetidos movimientos, en los que, por primera vez, sent\u00ed una dulce combinaci\u00f3n de miel y manzanilla, que parec\u00eda provenir de su pelo. Luego volv\u00ed a clavar la vista en direcci\u00f3n al parabrisas y me qued\u00e9 contemplando la neblinosa lejan\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando por fin logramos salir del rompoy y nos detuvimos en YKK, la lluvia hab\u00eda arreciado a\u00fan m\u00e1s, si es que algo como eso era posible. Para entonces, la ciudad se hab\u00eda transformado en un lugar abstracto y desconocido, en una mancha vibrante que desgarraba cualquier intento de forma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De repente, como si se tratara de un portal a otra dimensi\u00f3n, la puerta se abri\u00f3, y una r\u00e1faga de agua ba\u00f1\u00f3 a la gente de las escalas, provocando toda clase de protestas que no tuvieron la menor importancia. Al final, no tuvimos m\u00e1s opci\u00f3n que esperar a que un man se terminara de bajar, tras abrirse paso a la malditasea por todo el corredor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Finalmente, la puerta volvi\u00f3 a cerrarse. El calor y la humedad siguieron creciendo de forma exponencial y, muy pronto, la atm\u00f3sfera se torn\u00f3 irrespirable, como una espesa nube de sudor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A partir de ah\u00ed el tr\u00e1fico se despej\u00f3 y el chofer no lo pens\u00f3 dos veces para hundir la chancleta hasta el fondo. Primero en recta y despu\u00e9s en curva hasta que la fuerza centr\u00edfuga se hizo cada vez m\u00e1s dura de soportar y la chica fue cayendo lentamente hacia m\u00ed, solt\u00e1ndose incluso de la varilla y tom\u00e1ndome de la cintura en un par de instantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por m\u00e1s que le cost\u00f3 renunciar a su carrera desenfrenada, el chofer no tuvo m\u00e1s remedio que atender el clamor ininterrumpido de los timbres y, finalmente, se detuvo frente a los posgrados de la Universidad de Antioquia, donde mucha gente se baj\u00f3 y mucha gente se subi\u00f3 y quedamos m\u00e1s o menos en las mismas. La \u00fanica diferencia fue un empuj\u00f3n constante, en diagonal desde la puerta, que deb\u00ed compensar inclin\u00e1ndome un poco m\u00e1s hacia atr\u00e1s. Ella, por su parte, tambi\u00e9n realiz\u00f3 un movimiento similar y, en el vaiv\u00e9n de la siguiente curva, sent\u00ed varias veces su blusa fr\u00eda contra mi costado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque la lluvia segu\u00eda cayendo parejo, el viento ces\u00f3 de golpe y las calles emergieron de la irrealidad hasta alcanzar unas formas m\u00ednimas: siluetas de \u00e1rboles, sombras de bodegas y f\u00e1bricas, las vitrinas nubladas de un par de outlets\u2026 Mientras tanto, me distraje viendo a un man sin zapatos ni camisa que andaba arrastrando un carro de rodillos en el que llevaba un costal gigantesco. Y lo recuerdo muy bien porque en esas nos enterramos en un hueco y rebotamos enseguida como vegetales salteados, mientras el bus segu\u00eda de largo a toda velocidad como si surcara el cielo de nube en nube.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En medio de aquel sobresalto, ella se aferr\u00f3 a mi cintura con ambos brazos y yo alcanc\u00e9 a tomarla de la espalda. Luego volvimos a soltarnos, algo desconcertados, y descubrimos un leve descuadre lateral entre nosotros, que nos hizo perder gran parte de la sincron\u00eda ganada hasta entonces. Siguieron entonces toda clase de movimientos lentos e inseguros, hasta que nuestros pies quedaron intercalados y nuestras rodillas se entrelazaron levemente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Casi llegando a La Aguacatala, en un abrir y cerrar de ojos, el chofer dej\u00f3 de vivir su velocidad de ensue\u00f1o y los espacios volvieron a ser eternos, reducidos. Lo que no impidi\u00f3 que, a cada tanto, el hombre volviera a acelerar en cualquier direcci\u00f3n, solo para volver a frenar enseguida, como si se estrellara a cada instante contra una fuerza sobrenatural que habitaba en el vac\u00edo. Aquel zarandeo constante llev\u00f3 a que ella y yo tuvi\u00e9ramos que juntarnos un poco m\u00e1s y a que nuestros muslos se fueran entrecruzando con sutileza hasta lograr un mejor equilibrio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras experimentar un sinn\u00famero de distancias espasm\u00f3dicas nos detuvimos junto al metro, donde los pasajeros se abalanzaron hacia la calle y se dispersaron como insectos inveros\u00edmiles en medio de la lluvia. Ambos vivimos una agitaci\u00f3n sin precedentes y recibimos todo tipo de golpes y estrujones y tuvimos que aferrarnos el uno al otro con m\u00e1s y m\u00e1s fuerza. En un momento, sin embargo, la avalancha de personas se hizo demasiado bestial y ella tuvo que dejarse caer hacia m\u00ed, sujetando ambos brazos en torno a mi cuello, como \u00fanico apoyo. Por unos instantes, sus senos firmes y h\u00famedos de lluvia palpitaron contra mi pecho.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Terminado el alboroto, el bus arranc\u00f3 tan lleno como antes. La agitaci\u00f3n segu\u00eda creciendo, y mientras la gente trataba de acoplarse a un orden incomprensible, el chofer sigui\u00f3 aprovechando cualquier espacio para abalanzarse contra los abismos de su propia mente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s o menos en esa t\u00f3nica, giramos sobre la glorieta. Luego, el bus pas\u00f3 de un solo brinco a otro carril y fren\u00f3 y aceler\u00f3 y volvi\u00f3 a frenar, y ambos nos movimos juntos, tomados de la cintura, como gotas de una misma ola.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando el bus finalmente cogi\u00f3 por Las Vegas, ella me solt\u00f3 y volvi\u00f3 a incorporarse. Sin embargo, solo fue cuesti\u00f3n de instantes para que el chofer se detuviera frente a Eafit y la puerta se abriera y el viento congelara nuestra piel y nuestra ropa y las multitudes entraran y salieran como si nosotros no existi\u00e9ramos. Ella, entonces, no tuvo m\u00e1s remedio que dejarse caer de nuevo sobre m\u00ed, con una confianza de a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para soportar mejor su peso, procur\u00e9 aferrarme con m\u00e1s fuerza a la varilla. Adem\u00e1s, con intenci\u00f3n de protegerla, apoy\u00e9 mi brazo derecho por detr\u00e1s de su espalda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre idas y venidas, la lluvia comenz\u00f3 a amainar y algunas ventanas se fueron abriendo. La furia del tropel, por el contrario, sigui\u00f3 en aumento, como si hubi\u00e9ramos entrado a una dimensi\u00f3n oscura en la que a nadie le importaba el destino de los dem\u00e1s. Ante eso, ella trat\u00f3 de alejarse a\u00fan m\u00e1s de las escalas, y yo termin\u00e9 de atraerla hacia m\u00ed con el brazo. De repente, quedamos completamente abrazados y ella recost\u00f3 la cabeza sobre mi hombro de una manera casi imperceptible. Solo alcanc\u00e9 a sentir un c\u00e1lido suspiro en mi cuello y el mismo olor a miel y manzanilla de antes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En alg\u00fan momento, las puertas volvieron a cerrarse. El tr\u00e1fico desapareci\u00f3 de la avenida y el bus no hizo m\u00e1s que avanzar. Nuestro abrazo se torn\u00f3 entonces algo m\u00e1s sutil, aunque volvi\u00f3 a intensificarse en un par de frenones. Luego, el bus par\u00f3 frente al INEM, y mientras la gente bajaba y sub\u00eda enloquecida, ella y yo nos mantuvimos fundidos como dos estatuas en medio de la tormenta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando arrancamos de nuevo, el chofer no demor\u00f3 en hundir la chancleta hasta el fondo y empez\u00f3 a esquivar veh\u00edculos de un carril a otro como si acab\u00e1ramos de entrar en un videojuego. Mientras tanto, ella y yo no hicimos m\u00e1s que mecernos con suavidad de un lado a otro, como una canoa que ondula sobre la imperceptible influencia de una corriente lejana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al parar frente al Polit\u00e9cnico, todo volvi\u00f3 a repetirse m\u00e1s o menos del mismo modo. Una gente sali\u00f3 despavorida, otra gente subi\u00f3 enardecida y, mientras tanto, nosotros solo procuramos mantenernos a flote.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A medida que nos acercamos al \u00c9xito, la lluvia sigui\u00f3 mermando hasta convertirse en una llovizna cada vez m\u00e1s vol\u00e1til. Luego, atravesamos el rompoy sin mayor problema y paramos en Monterrey, donde unos se subieron y otros se bajaron hasta que la densidad poblacional del bus retorn\u00f3 a proporciones menos demenciales. Incluso, se abri\u00f3 un espacio en medio del corredor y, junto a la puerta, sin pasar la registradora, solo quedamos ella y yo. A continuaci\u00f3n, nuestros cuerpos se fueron desprendiendo poco a poco, como si quisieran evitar a toda costa cualquier tipo de ligereza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Unos instantes despu\u00e9s, alguien toc\u00f3 el timbre, y el bus se detuvo de inmediato al frente de Ascensores Andino. Las puertas se abrieron. Ella dio tres pasos \u00e1giles sobre las escalas, salt\u00f3 por encima de un charco y aterriz\u00f3 sobre la acera con una tierna mueca. Parec\u00eda feliz. Alcanz\u00f3 a despegarse la blusa de la piel con ambas manos, se pein\u00f3 un poco hacia atr\u00e1s y empez\u00f3 a caminar en la misma direcci\u00f3n que ven\u00edamos, con la vista clavada hacia el frente. Sin cerrar la puerta, el bus entonces arranc\u00f3 y yo me qued\u00e9 como en el aire: como si acabara de experimentar una peque\u00f1a prueba de algo verdadero y no quisiera que se desvaneciera tan pronto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al chofer, obviamente, todo eso lo tra\u00eda sin cuidado. Y as\u00ed, mientras los fragmentos de mi pasado reciente se alejaban como un c\u00famulo de niebla, \u00e9l se dedic\u00f3 a planear sobre Las Vegas, m\u00e1s y m\u00e1s r\u00e1pido, tanto as\u00ed que cuando menos pens\u00e9, yo tambi\u00e9n andaba saltando desde la primera escala por encima de un charco, calculando la distancia exacta para no caer en un arroyo que corr\u00eda por la acera. El chofer arranc\u00f3 enseguida a mis espaldas y, en cierto modo, no me pareci\u00f3 justo tener que volver de una forma tan abrupta a mi extra\u00f1a vida real.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al alzar la cabeza, pronto distingu\u00ed a Ang\u00e9lica, recostada contra una vidriera. Nuestras miradas alcanzaron a cruzarse y mis recuerdos m\u00e1s recientes parecieron diluirse como un sue\u00f1o jabonoso. Como era habitual, Ang\u00e9lica no tard\u00f3 en rehuir mi mirada y, simulando no haberme visto, se movi\u00f3 hacia una l\u00ednea de visi\u00f3n que me exclu\u00eda por completo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recuerdo que mis pasos alcanzaron a deslizarse un par de veces en su propia inercia y que pronto aprovech\u00e9 ese nuevo \u00e1ngulo de invisibilidad para avanzar a toda prisa por el espacio abierto, antes de meterme por ese corredor estrecho que rodea el museo y atravesar la plazoleta de atr\u00e1s, en direcci\u00f3n al Centro, y perderme finalmente entre las calles lloviznosas de Barrio Colombia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Recib\u00ed un mensaje de Ang\u00e9lica lleno de peros y complicaciones y me imagin\u00e9 enseguida c\u00f3mo iba a ser el resto de&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":3427,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[40],"tags":[156],"class_list":["post-3418","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-relatos","tag-ciudad"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3418","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3418"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3418\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3431,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3418\/revisions\/3431"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3427"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3418"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3418"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3418"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}