{"id":3217,"date":"2022-09-27T16:10:16","date_gmt":"2022-09-27T21:10:16","guid":{"rendered":"https:\/\/viboralblog.com\/?p=3217"},"modified":"2024-08-30T14:26:36","modified_gmt":"2024-08-30T19:26:36","slug":"apariencias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/2022\/09\/27\/apariencias\/","title":{"rendered":"Apariencias"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Marzo de 2021. Por obra del Covid, Cata y yo andamos algo escasos de aire. Llevamos varios d\u00edas postrados, inm\u00f3viles. Por m\u00e1s que lo intentamos, resulta imposible hilar dos pensamientos seguidos. La bruma mental es tan poderosa que pone en entredicho la vieja y conocida ilusi\u00f3n del yo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Unas semanas antes, cuando la vida a\u00fan parec\u00eda normal, hab\u00edamos indagado por gatos en adopci\u00f3n, sin imaginar que poco despu\u00e9s, cuando los nombres de nuestros propios vecinos se nos escurrieran de la memoria, iba a aparecer la posibilidad de un gatillo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cata se enferm\u00f3 antes que yo. En cuestiones de aire comienza a sentirse un poco mejor y se encarga de ir a San Antonio de Pereira por un gatico que, desde el primer segundo, no hace m\u00e1s que pasearse por la casa, como si hubiera vivido en ella desde siempre. Tiene apenas dos meses. Luce unas rayas atigradas, y una larga mancha blanca lo recorre por debajo. Se llamar\u00e1 Ludovico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un mes m\u00e1s tarde, proveniente de La Ceja, llega Rosal\u00eda, una gatica blanca, de mirada penetrante, interrumpida por algunas manchas negras. Lo primero que hace al llegar es esconderse. Tanto as\u00ed que en alg\u00fan momento, en medio de un descuido impensable, llegamos a creer que se escap\u00f3 justo al inicio de una tormenta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por vivir al borde de un camino, debemos andar bastante pendientes de los gatos durante los primeros tiempos. Pasan carros y motos. Y sobre todo perros. Muchos perros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Afortunadamente, est\u00e1 Homero. Un cruce de golden retriever con pastor alem\u00e1n, que atraviesa a diario el cultivo de ma\u00edz vecino y pasa el d\u00eda entero en el corredor, afuera de nuestra casa. \u00c9l se encarga de ahuyentar a cualquier animal que pase y trata, incluso, de hacerse amigo de los gatos. Ellos, sin embargo, lo mantienen a raya.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ludovico se transforma pronto en Lulo y luego en Lul y en Lulul y en otro sinf\u00edn de variaciones que, de manera incre\u00edble, \u00e9l es capaz de distinguir. Lululul, de hecho, se eriza y se enfurrusca al instante, cada vez que Homero se le acerca m\u00e1s de la cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Rosal\u00eda, en ese sentido, es mucho m\u00e1s tranquila. Aunque suele ser prudente, no es raro encontrarla dormida cerca de Homero. Tambi\u00e9n le encanta acostarse en los mismos tapetes donde \u00e9l anduvo echado a lo largo del d\u00eda. Es m\u00e1s: Cata y yo siempre hemos sospechado que Rosal\u00eda y Homero se encuentran de vez en cuando a escondidas, como si buscaran guardar las apariencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ha pasado m\u00e1s de un a\u00f1o y, una tarde cualquiera, Homero entra por debajo del alambrado y se sienta en el corredor de afuera.&nbsp; Catalina le da unos huesos que sobraron del almuerzo. Mientras Homero come, observo a Rosal\u00eda en actitud de acecho, tras una hoja de palma ca\u00edda. De pronto ella pega un brinco y se acerca bastante a Homero. Aunque me parece raro, no le doy mayor importancia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cata se acuerda de unas arvejas que est\u00e1n empezando a vinagrarse y se las sirve a Homero en un plato. \u00c9l comienza a devorarlas. Yo voy por unas medias al lavadero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Unos segundos despu\u00e9s, noto que Rosal\u00eda acaba de acercarse al plato de Homero. No alcanzo ni a pensar. Todo sucede demasiado r\u00e1pido. Casi en c\u00e1mara lenta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Homero gru\u00f1e y ladra y se enfurece de forma desmedida, hasta rasgar el aire de un mordisco. En ese mismo espacio de aire, en medio de un brinco inveros\u00edmil, se encuentra Rosal\u00eda. Lo dem\u00e1s es confusi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alcanzo a gritarle a Homero cualquier sentencia desesperada. Rosal\u00eda vuelve pronto a tocar la manga con las cuatro patas y sale despavorida a ocultarse en lo alto de la piedra enorme, detr\u00e1s del lavadero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Homero desaparece de un salto entre los matorrales que dan al camino. Cata y yo nos miramos at\u00f3nitos. Ella alcanza a decir que no fue grave. Desde mi \u00e1ngulo, en cambio, no estoy tan seguro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras Cata espera adelante, voy por detr\u00e1s de la casa, al otro lado de la piedra: Rosal\u00eda&#8230; Rosal\u00eda&#8230; Conejina&#8230; Conejina&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Imagino entonces que pudo haber entrado a la casa por la ventana del cuarto y enseguida la encuentro temblorosa. Apenas me ve, se esconde bajo la cama.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de varios intentos, logramos sacar a Rosal\u00eda. A primera vista, no parece tener nada. Hasta que de pronto, tras una mancha de color arveja, se abre una de esas heridas que encogen el coraz\u00f3n. Est\u00e1 ubicada unos cent\u00edmetros arriba del muslo de atr\u00e1s, donde queda qui\u00e9n sabe qu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la ma\u00f1ana siguiente, abrimos las puertas de la casa. El mordisco solo le afect\u00f3 la piel y Rosal\u00eda tiene apenas dos puntos. El veterinario recomend\u00f3 limpiar la herida varias veces al d\u00eda y suministrar antibi\u00f3ticos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un rato despu\u00e9s, Homero se acerca por el alambrado. Lo ahuyento enseguida de un grito y Rosal\u00eda aparece a buscarlo como nunca antes lo hab\u00eda hecho. Mientras Homero se aleja a toda prisa por el camino, ella se queda mirando en esa direcci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora es de noche. Lleva mucho rato lloviendo. Salgo a llamar a Rosal\u00eda varias veces, hasta que al fin emerge de la oscuridad. Unos segundos m\u00e1s tarde, justo detr\u00e1s, aparece la sombra de Homero, como si ambos acabaran de citarse en secreto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La mirada de Rosal\u00eda es llamativa. Vibrante. Como si supiera muchas m\u00e1s cosas que antes. Para ella, la rabieta de Homero solo parece ser un malentendido. No existen los reproches. Mucho menos el rencor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las l\u00f3gicas humanas, por el contrario, funcionan distinto. No suelen quedarse en el mundo de las apariencias. Les encanta ir m\u00e1s all\u00e1. Cavilar y cavilar, as\u00ed terminen girando m\u00e1s de la cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Qui\u00e9n sabe. Tal vez nos vemos acechados por demasiadas dudas. Y por la desconfianza. O por el puro y f\u00edsico miedo. Como si, por alg\u00fan motivo incrustado en lo m\u00e1s hondo, busc\u00e1ramos siempre anticiparnos a cualquier eventualidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Le digo entonces a Homero que se vaya. \u00c9l emprende su camino, y Rosal\u00eda me mira algo extra\u00f1ada. Como si no entendiera. Yo, la verdad, tampoco s\u00e9 muy bien qu\u00e9 pensar. A lo mejor ella tiene raz\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marzo de 2021. 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