{"id":2935,"date":"2022-01-02T15:35:20","date_gmt":"2022-01-02T20:35:20","guid":{"rendered":"https:\/\/viboralblog.com\/?p=2935"},"modified":"2022-01-20T17:04:11","modified_gmt":"2022-01-20T22:04:11","slug":"muraleo-parte-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/2022\/01\/02\/muraleo-parte-1\/","title":{"rendered":"Muraleo (Parte 1)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yo andaba viviendo en Santa Elena en un morro tan alto y empinado, que justamente se llamaba as\u00ed<em>: <\/em>El Morro. Hab\u00eda estado enfrascado durante todo el a\u00f1o en terminar los \u00faltimos cap\u00edtulos de <em>Piragua<\/em> y, entretanto, sobre las monta\u00f1as y los bosques a la redonda no hab\u00eda hecho m\u00e1s que llover. Lleg\u00f3 el punto, de hecho, en que el fr\u00edo y la humedad se apoderaron por completo de mis huesos y, a cada tanto, me ve\u00eda obligado a bajar a Medell\u00edn a recargarme de sol y de calor, al mejor estilo de un gallinazo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A mediados de noviembre supe por fin que el escrito estaba listo. Entonces me qued\u00e9 inm\u00f3vil, como si algo me hubiera vaciado por dentro: sin sentir absolutamente nada, en medio de un balc\u00f3n hecho de tablas y vidrios reciclados, donde el viento se paseaba a su antojo, mientras yo ve\u00eda girar el radar del aeropuerto en la monta\u00f1a del frente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En realidad, son instantes dif\u00edciles de describir. Parad\u00f3jicos, adem\u00e1s. Porque tras largo tiempo de labor uno ya suele estar cansado del escrito en curso y quiere pasar la p\u00e1gina de una vez por todas, en el sentido m\u00e1s literal del t\u00e9rmino. Solo que, por otro lado, le ha dado tantas y tantas vueltas a lo mismo, que las ideas son capaces de seguir haci\u00e9ndolo por su propia cuenta y, en cierto modo, lo dejan a uno sumido en una especie de nueva soledad: en un desubique pasajero, sin prop\u00f3sito alguno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante unos d\u00edas no hice otra cosa que deambular por el kil\u00f3metro de carretera que me separaba de la casa de Catalina. Y es que adem\u00e1s, en medio del camino, hab\u00eda una tienda y tambi\u00e9n un bar, en los que resultaba muy probable encontrarse con amigos y extraviar el destino inicial, a causa de mil motivos posibles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con todo y eso, mi enfriamiento interno nunca se detuvo y muy pronto resolv\u00ed que deb\u00eda cambiar de aire. Y no era de extra\u00f1ar. Diciembre ya estaba a la vuelta de la esquina y la idea de bajar a verme con amigos y de andar un poco las calles de la ciudad no hac\u00eda m\u00e1s que rondarme.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, como suele suceder, solo fue cuesti\u00f3n de imaginar los d\u00edas de fiesta que vendr\u00edan, para que Juanes \u2014uno de los amigos de <em>De\u00faniti<\/em>\u2014 me mandara un mensaje sobre un nuevo proyecto que les acababa de salir para pintar un mural y me preguntara, adem\u00e1s, si me interesaba trabajar con ellos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No s\u00e9 si ya lo hab\u00eda dicho, pero al recibir el mensaje, justo acababa de sentarme con una cerveza en un murito afuera de la tienda de Ninfa. Qued\u00e9 entonces algo sorprendido al leerlo, sin saber muy bien qu\u00e9 hacer, y me dio por pensar en el tema de las coincidencias, de los patrones, los azares o como se les quiera llamar. Y no era para menos, ya que justamente, unos a\u00f1os atr\u00e1s, al terminar el primer borrador de <em>Sue\u00f1o blanco<\/em>, Pablo y Juan Sebasti\u00e1n tambi\u00e9n me hab\u00edan llamado para trabajar con ellos en un mural de <em>De\u00faniti<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese tiempo, como en cualquier otro tiempo, las cosas eran bien distintas. Yo hab\u00eda regresado de Argentina hac\u00eda apenas un a\u00f1o, viv\u00eda solo en una vereda del Retiro y andaba casi sin un peso. No conoc\u00eda a Juanes ni a Sebas (los otros dos integrantes de <em>De\u00faniti<\/em>) ni mucho menos a Catalina. Es m\u00e1s, en ese entonces, Juanes y Sebas andaban viviendo en otros continentes y, por eso mismo, Pablo y Juan Sebasti\u00e1n necesitaban que alguien les ayudara con la pintada de un corredor inclinado, de unos treinta metros de largo por seis de alto, en el <em>Museo de la Memoria<\/em>: ese edificio sombr\u00edo que m\u00e1s bien parece un crematorio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En esa ocasi\u00f3n hubo que hacer un curso de alturas b\u00e1sico, que solo sirvi\u00f3 para cumplir con el certificado. Utilizamos plantillas, pintamos todo con pistola y compresor, trabajamos sobre un andamio rodante de tres niveles, con escalera interna, y bast\u00f3 con irlo moviendo para cubrir la pared entera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En realidad, lo m\u00e1s complicado fue cuidar que las plantillas mantuvieran el mismo nivel, para que as\u00ed, la multitud que \u00edbamos pintando no se fuera torciendo con el paso de los metros. Contando los d\u00edas de descanso, el trabajo dur\u00f3 tres semanas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de pedir la segunda cerveza en la tienda, le marco a Juanes para que me expliqu\u00e9 un poco mejor el asunto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Parce, es un proyecto de la Alcald\u00eda. Entre artistas y colectivos, son algo as\u00ed como cuarenta murales por toda la 10 del Poblado. A nosotros, por ejemplo, nos toc\u00f3 la fachada de un hotel a todo el frente del <em>\u00c9xito<\/em>. Ser\u00edamos los mismos cuatro de siempre, m\u00e1s otros cuatro que andamos buscando. Ah\u00ed ver\u00e1s si te apunt\u00e1s. Eso s\u00ed, tocar\u00eda inscribirse primero en un curso avanzado de trabajo en alturas. Normalmente dura cuarenta horas, pero que al parecer, al final de la otra semana, se puede hacer en dos d\u00edas, en una academia en el Barrio Obrero de Bello. Tambi\u00e9n habr\u00eda que comprar arn\u00e9s y cuerda y freno y botas platineras&#8230; Pero bueno, el salario pinta bien y seguro que justifica la inversi\u00f3n. Las cosas adem\u00e1s luego se pueden volver a vender. As\u00ed sea a mitad de precio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras o\u00edr las palabras <em>fachada<\/em> y <em>hotel<\/em>, mi mente prefiri\u00f3 no imaginar ning\u00fan tipo de detalle. Tampoco quiso preguntar nada. Con todo y eso, escuch\u00e9 a mi propia voz diciendo que listo, que no hab\u00eda ning\u00fan problema y que por favor me avisaran cuando estuviera definida la fecha del curso. Luego dije que ten\u00eda otras cosas que hacer y me desped\u00ed como un verdadero profesional en la materia. Como si ese asunto de pintar fachadas de edificios fuera cosa de todos los d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El jueves siguiente me despert\u00e9 a las 5 de la ma\u00f1ana. Me ba\u00f1\u00e9, me tom\u00e9 un par de tintos y baj\u00e9 al Centro en el bus de las 6. Camin\u00e9 dos cuadras hasta coger el tranv\u00eda, me baj\u00e9 en San Antonio y alcanc\u00e9 a montarme en un vag\u00f3n justo cuando las puertas se cerraban. El metro entonces empez\u00f3 a avanzar, y todo parec\u00eda muy normal hasta que anunciaron la pr\u00f3xima estaci\u00f3n y result\u00f3 que me hab\u00eda montado en sentido contrario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El caso fue que finalmente me baj\u00e9 en <em>Madera<\/em>, cog\u00ed un bus y llegu\u00e9 sin problema a la academia, en cuyas aceras hab\u00eda un gent\u00edo impresionante. Me acerqu\u00e9 enseguida a saludar a mis amigos y ellos se encargaron de presentarme a los otros tres que iban a trabajar con nosotros: Fer, a quien ya hab\u00eda visto un par de veces, y Evelin y Fabi\u00e1n a quienes, por el contrario, no hab\u00eda visto nunca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Poco despu\u00e9s, lleg\u00f3 el momento de la inscripci\u00f3n y, como hab\u00eda tanta gente, nos dividieron en dos grupos: uno que har\u00eda primero el d\u00eda te\u00f3rico y otro que har\u00eda el pr\u00e1ctico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En cuesti\u00f3n de minutos, est\u00e1bamos sentados al fondo de un sal\u00f3n largo, estrecho y hacinado. A m\u00ed, por ejemplo, me toc\u00f3 justo al lado de la puerta y, mientras las palabras del profesor se dispersaban entre un aire mon\u00f3tono, estuve muchas veces a punto de quedarme dormido. Y digo a punto porque, una y otra vez, alguien entraba o sal\u00eda o simplemente abr\u00eda para preguntar cualquier sandez, y yo no ten\u00eda m\u00e1s remedio que pararme y correr mi propia silla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed fue m\u00e1s o menos la din\u00e1mica, hasta que alguien me pas\u00f3 un tel\u00e9fono con la foto del muro que vamos a pintar. No recuerdo ni qui\u00e9n fue. Lo importante fue que me qued\u00e9 fr\u00edo, pues en lugar de una fachada apareci\u00f3 el costado entero de un edificio de siete pisos. Contando el muro de la terraza, son algo as\u00ed como 20 metros de alto por 35 de largo: sin ventanas, ni balcones, ni ventilaciones, ni nada. \u00danicamente ladrillos y ladrillos de color gris que, al ampliarlos en el celular, parec\u00edan infinitos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A continuaci\u00f3n, vi otra foto en la que el dise\u00f1o del mural estaba proyectado directamente sobre el muro. Sin embargo, mis nervios ya estaban algo alterados y prefer\u00ed no mirar mucho. De momento, solo s\u00e9 que la imagen est\u00e1 compuesta por un poco m\u00e1s de 15.600 pixeles de 20cm x 20cm cada uno. El motivo fue sacado de una fotograf\u00eda&nbsp;en la que aparecen dos personas. A lo largo, adem\u00e1s, en una especie de fondo, se encuentra la palabra <em>HABLALO<\/em>, en distintos tonos de amarillo, naranja, rosado y azul. Eso es todo lo que recuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para entonces, las luces acababan de apagarse y una proyecci\u00f3n comenz\u00f3 a mostrar im\u00e1genes de todo lo que nos esperaba en caso de sufrir alg\u00fan accidente desde las alturas: test\u00edculos aplastados por el arn\u00e9s, cuerpos mutilados, cad\u00e1veres estallados contra el suelo, lesiones cerebrales, familias devastadas\u2026 En fin\u2026 Para completar, el instructor no hac\u00eda m\u00e1s que repetir una especie de lema que, sin lugar a dudas, parec\u00eda disfrutar: <em>si se van a caer, \u00a1mejor m\u00e1tense!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Afortunadamente, pronto logr\u00e9 que algunas sillas de adelante y otras de al lado se corrieran y consegu\u00ed atrincherarme en un hueco hasta dormirme sin ning\u00fan problema.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al d\u00eda siguiente fue la pr\u00e1ctica. Tuvimos que ponernos arn\u00e9s, guantes, casco con barbuquejo y, mientras tanto, el instructor nos dividi\u00f3 en grupos de cuatro personas para ir realizando las distintas actividades. La primera, por ejemplo, consisti\u00f3 en subirse a un poste de concreto, mediante una especie de cincha y unos estribos especiales. Mucho sol. Mucho sudor. Cierta desesperaci\u00f3n\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s hubo que palanquear entre dos personas un andamio colgante. Subir m\u00e1s o menos un piso y volver a bajar. Y claro: uno aprende cosas\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las cuerdas met\u00e1licas que sostienen los andamios desde lo alto se llaman guayas. El aparato para subir el andamio a trav\u00e9s de ellas se llama malacate, y sus palancas, desafortunadamente, resultaron mucho m\u00e1s duras de operar de lo previsto. En especial, porque se supone que tendremos que subir ocho pisos de ese modo, en un andamio independiente. Y teniendo en cuenta que hoy nos demoramos casi diez minutos en un solo piso, el asunto parece m\u00e1s que imposible. Sobre todo porque somos ocho personas, y en un andamio no pueden ir m\u00e1s de cuatro. Y eso sin contar que dos de los que suben deben volver a bajar el andamio para que otros dos suban con ellos. Como quien dice: la locura total.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n se habla de un posible descenso en cuerda desde la terraza. Y si bien parece algo m\u00e1s plausible en t\u00e9rminos pr\u00e1cticos, preferir\u00eda no hablar del tema en este momento. Aunque bueno, vi\u00e9ndolo bien, igual me toca, pues la siguiente actividad se trat\u00f3, justamente, de un par de descensos desde unas torres met\u00e1licas de tres pisos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el primer descenso cada quien se hallaba junto a dos instructores que se encargaban de cuadrar la l\u00ednea de vida: o sea la cuerda que va asegurada a lo alto de la estructura y que pasa por un freno que, a su vez, va asegurado a un mosquet\u00f3n que, a su vez, va asegurado al anclaje trasero del arn\u00e9s. Se supone que, en caso de una ca\u00edda, el freno del mosquet\u00f3n bloquea el paso de la cuerda y uno quedar\u00eda colgando en el aire. En ese sentido, lo m\u00e1s importante es mantener siempre la cuerda bien templada para que la ca\u00edda sea lo menos larga posible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando el instructor terminaba de asegurar a cada quien a la l\u00ednea de vida, abr\u00eda un aparato provisto de una palanquita \u2014llamado descendedor\u2014 al que tambi\u00e9n le pasaba otra cuerda que, igualmente, iba asegurada en lo alto de la estructura. El asunto es que el descendedor solo funciona con la cuerda puesta en cierto sentido. De lo contrario, la cuerda pasar\u00eda derecho sin que nada la detenga.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero bueno. El caso era que el instructor cerraba el descendedor y lo aseguraba a un mosquet\u00f3n que iba enganchado al anclaje del pecho del arn\u00e9s, de modo que uno simplemente deb\u00eda soltarse hacia atr\u00e1s, apoyando ambas suelas sobre el borde de la estructura, antes de abrir la palanquita con la mano y descender como si fuera caminando de forma vertical sobre una malla met\u00e1lica. Para mi sorpresa, lo hice como si nada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El siguiente paso fue subir a otra torre, entre andamios y escalas, en los que toca siempre ir asegurado con unas eslingas, que son algo as\u00ed como unos ganchos que se abren y se cierran en los extremos de una cinta larga y s\u00faper resistente. En realidad, a un lado hay un solo gancho, mientras que al otro hay dos. El lado de un solo gancho va en el anclaje trasero del arn\u00e9s. Los otros dos, en cambio, deben ir enganch\u00e1ndose y desenganch\u00e1ndose a la estructura por encima de uno mismo, a medida que se avanza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el segundo descenso, por el contrario, ya no hubo instructores al lado de nadie y cada quien tuvo que ponerse el equipo sin ayuda, mientras los dem\u00e1s compa\u00f1eros (abajo y alrededor) le recomendaban todo tipo de cosas distintas. Como quien dice: no solo hab\u00eda que confiar en unos aparatos y unas cuerdas que uno jam\u00e1s hab\u00eda visto, sino que deb\u00eda pasar por alto su propia ignorancia&nbsp;antes de soltarse de espaldas al vac\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De hecho, al momento de hacerlo, qued\u00e9 paralizado. Alcanc\u00e9 a enganchar el descendedor, a poner la cuerda y a flexionar las rodillas, amagando con soltarme hacia atr\u00e1s. Sin embargo, una y otra vez, me tuve que volver a incorporar, lanzando toda clase de risas nerviosas que, para colmo, sonaban ajenas y demenciales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al final me dej\u00e9 caer hacia atr\u00e1s pensando, entre otras cosas, en lo tranquilo que andaba hac\u00eda apenas unos d\u00edas, sentado frente a mi escritorio, corrigiendo los \u00faltimos detalles de un escrito de m\u00e1s de trescientas p\u00e1ginas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta vez tampoco hab\u00eda malla met\u00e1lica para caminar sobre ella. Afortunadamente, el descendedor no tard\u00f3 en frenarme y, de ah\u00ed en adelante, solo fue cuesti\u00f3n de mantener abierta la palanquita y de ir graduando la velocidad de bajada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de almuerzo empez\u00f3 a lloviznar y ya no pudimos encaramarnos sobre las barandas mojadas. El instructor colg\u00f3 entonces unas cuerdas de lo m\u00e1s alto de la torre, y tuvimos que trepar por ellas, con ayuda de unos estribos y de otro aparatico colgado del pecho (no recuerdo ni c\u00f3mo se llama) que uno deb\u00eda ir subiendo por la cuerda, con toda la fuerza de ambas manos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al llegar arriba, la indicaci\u00f3n era quedarse colgando en el aire por un momento. Pero luego, como uno llevaba tambi\u00e9n el descendedor, hab\u00eda que enganch\u00e1rselo, ponerle la cuerda, soltar los estribos y el otro aparatico y, finalmente, comenzar a bajar. En ese punto, aunque prefer\u00ed no subir demasiado, tampoco me fue tan mal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al final del d\u00eda nos dieron el curso por aprobado y quedaron de enviarnos los certificados por correo. Salimos entonces de nuevo a coger el metro,&nbsp;y varios de nosotros fuimos a tomar cerveza por la 70 con San Juan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s tarde Pablo me arrim\u00f3 hasta el parque de Envigado, donde me encontr\u00e9 con Catalina, y pronto nos pusimos a andar. Un trago por aqu\u00ed, una cerveza por all\u00e1\u2026 Para donde uno mirara, la gente iba y ven\u00eda en todas las direcciones posibles. Diciembre estaba pr\u00e1cticamente a la vuelta de la esquina y, de repente, ya nadie pensaba en otra cosa que no fuera fiesta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo andaba viviendo en Santa Elena en un morro tan alto y empinado, que justamente se llamaba as\u00ed: El Morro. 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