{"id":2710,"date":"2021-08-21T19:24:53","date_gmt":"2021-08-22T00:24:53","guid":{"rendered":"https:\/\/viboralblog.com\/?p=2710"},"modified":"2021-08-25T23:27:51","modified_gmt":"2021-08-26T04:27:51","slug":"hongos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viboralblog.com\/index.php\/2021\/08\/21\/hongos\/","title":{"rendered":"Hongos"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llevamos cuarenta minutos de dura pendiente bajo el sol. Finalmente llegamos a lo alto de la monta\u00f1a, nos metemos a un potrero que mira hacia el valle de San Nicol\u00e1s y vamos a sentarnos en una de las tantas piedras que encontramos m\u00e1s abajo. Justo antes de hacerlo, Catalina encuentra dos peque\u00f1os hongos secos en medio del pasto, sobre una bo\u00f1iga de vaca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me los muestra feliz. Sin lugar a dudas, son de los psicod\u00e9licos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Catalina deja sus cosas sobre la piedra y se va a recorrer el potrero hasta que la pierdo de vista. La tarde acaba de ponerse gris y todas las fotos que ensayo me parecen imposibles. El viento ha comenzado a soplar. Hace cada vez m\u00e1s fr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Catalina regresa al rato con un hongo mediano que pr\u00e1cticamente brilla de lo azul-morado, tanto en el tallo como en el sombrero. Me mira con picard\u00eda y simula varios mordiscos. Yo alcanzo a sonre\u00edr, sin pararle muchas bolas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Luego nos quedamos divisando un atardecer de extra\u00f1os blancos y grises, con un leve resplandor naranja que reci\u00e9n aparece al final.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El fr\u00edo est\u00e1 a punto de llevarnos de regreso, cuando decidimos partir el hongo mediano a la mitad y nos ponemos enseguida a masticarlo. De vez en cuando, lo acompa\u00f1amos con un casquito de mandarina, que nos ayuda a tragar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El camino de regreso se descuelga entre una infinidad de peque\u00f1as piedras que se desprenden del suelo a cada paso. Sigue despu\u00e9s una especie de r\u00edo seco, cubierto de piedras redondeadas y, por \u00faltimo, los rieles m\u00e1s empinados de la regi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al llegar al siguiente mirador, el mundo parece un poco distinto. El Carmen y Rionegro se ven a lo lejos como una sola ciudad empotrada entre monta\u00f1as oscuras. Cata y yo alcanzamos a mirarnos con risa y volvemos a concentrarnos en la misi\u00f3n de bajar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al llegar a casa, tomamos agua y cada quien empieza a recorrer los alrededores de la casa de manera incesante. Las \u00faltimos colores del d\u00eda se extinguen pronto y el cielo alcanza a despejarse en ciertas partes. Un cachito de luna. Tambi\u00e9n estrellas. Tambi\u00e9n luci\u00e9rnagas que prenden y se apagan como si volaran de una dimensi\u00f3n a otra. Los gatos, entretanto, corren y saltan por todas partes como si jugaran con seres invisibles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No podemos estarnos quietos y, a pesar del cansancio, decidimos subir a la tienda por unas cervezas. Diez minutos de subida, diez minutos de bajada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al regresar ponemos a sonar a Bach, prendemos una vela y nos sentamos a tomar cerveza en la mesa de afuera. Sorbos suaves, lentos, que parecen llegar a lo m\u00e1s profundo del cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo bueno de las alucinaciones nocturnas es que uno no se distrae tanto con los colores ni las formas y, en definitiva, deja un poco de lado lo netamente lo visual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Permanecemos un rato en silencio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De repente, la vida aparece como una sincron\u00eda perfecta y, al mismo tiempo, ca\u00f3tica. Por momentos, uno se percibe como parte de algo mucho m\u00e1s grande y se siente a la vez vulnerable, ante un caos tan enorme. Una especie de vac\u00edo c\u00f3smico, capaz de destrozar cualquier intento de orden, sin el m\u00e1s m\u00ednimo esfuerzo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Catalina me habla de Marcela, una amiga suya que muri\u00f3, y de c\u00f3mo ella, en ocasiones, siente de golpe que ve las cosas como las ver\u00eda Marcela. Suena loco, pero as\u00ed es. Como si los muertos dejaran pedacitos de energ\u00eda regados por ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es imposible no ponerse trascendental. O esot\u00e9rico. Despu\u00e9s de todo, las conexiones m\u00e1s secretas van emergiendo a medida que se alteran la percepci\u00f3n y la consciencia, que ya de por s\u00ed son alteraciones en s\u00ed mismas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El viento sopla por r\u00e1fagas. Comienza un aguacero inesperado. Los chorros de agua no tardan en refulgir desde las tejas. Poco despu\u00e9s, vuelve a escampar. Entretanto, Catalina ha cubierto la llama de la vela, una y otra vez, para intentar protegerla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante largo rato sigue sonando Bach. Una m\u00fasica de siempre, envuelta por el canto de los insectos y los claros trazos de la noche.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Parecemos en otro tiempo. En cualquier tiempo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Llevamos cuarenta minutos de dura pendiente bajo el sol. 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